lunes, 19 de junio de 2017

Mi novela "42,2 Muerte en Central Park" gratis esta semana

Hoy en el blog "Lectora de tot" han publicado una entrevista que me hicieron en relación a mi novela del Maratón de NY "42,2 Muerte en Central Park".
Podéis leer la entrevista aquí.
Con este motivo, durante esta semana, del 19 al 23 de junio, os podréis descargar gratis mi novela para ebook en Amazon desde este enlace.
Espero que aprovechéis la ocasión si aún no habéis tenido la oportunidad de leer la novela. Lo único que os pido es que si la leéis después la valoréis en Amazon.

lunes, 5 de junio de 2017

Beer Lovers' Marathon: un maratón diferente

Seguramente muchos habréis oído hablar del Maraton du Médoc, ese famoso maratón que se organiza en Francia, en la Gironde, a primeros de septiembre, y que se corre por Chateaux y viñedos con degustación de vinos y productos de la tierra durante el recorrido.
Pues bien. Unos belgas fueron allí en 2012 y quedaron tan encantados que empezaron a pensar en por qué no organizar un maratón similar en Bélgica. La cosa quedó ahí, en una idea, hasta que en 2014, cuando fueron a correr el Maratón de Berlín, se encontraron por casualidad con la mujer de uno de los organizadores de Médoc y... el resto es historia.
En 2016 tuvo lugar la primera edición del Beer Lovers' Marathon en Lieja, Bélgica, con el mismo espíritu festivo del Marathon du Médoc. Y como Bélgica es el país cervecero por excelencia, pues uno de los motivos de este maratón, como su nombre indica, es el de rendir homenaje a la cerveza belga. Así, a lo largo de los numerosos avituallamientos los participantes pueden degustar 16 tipos de cervezas belgas diferentes, acompañadas de productos de la tierra y de un ambiente inmejorable.
Bueren Stairs. El punto más importante de la carrera. (km 5).

¿Y qué hace el capitán de los Beer Runners de Bilbao cuando se entera un miércoles de marzo a las dos de la tarde de la existencia de este maratón? Exacto. Para las tres y media de la tarde ya tenía la inscripción hecha y el vuelo reservado. Si ya lo dice Chema Martínez: no pienses, corre.
Así que este fin de semana lo he pasado en Lieja, y ha sido un viaje muy bonito. Me ha gustado la ciudad y me ha gustado mucho el maratón, sobre todo el ambiente y el recorrido. ¡Ojo! Si alguien quiere hacer este maratón para correr rápido que no vaya. Primero, porque no es un maratón para eso, es un maratón para disfrutarlo. Y segundo, porque el recorrido, sobre todo la primera mitad, es muy duro, con cuestas, escaleras, senderos de monte, calles empedradas, giros complicados, etc. Es como una ginkana.
Muchos de los participantes corren disfrazados, ya que, siguiendo el espíritu de Médoc, cada año hay un tema y la gente se disfraza. Este año el tema ha sido "Frutas y verduras".
Yo soy un tío serio y no me disfracé. Además, como hizo calor, no quiero ni pensar en la sudada que se metía la gente debajo de algunos disfraces. Menos mal que había cerveza, je, je.
Tras la salida, mi plan era tomarme con calma los primeros kilómetros hasta el km 5, donde se suben las Bueren Stairs y donde empieza la zona de cuestas del circuito.
Ya me sorprendió el primer avituallamiento en el km 2, ya que ponía "Desayuno" y daban croisants. Me parto.
Ya íbamos llegando a las escaleras de la montaña de Bueren, que las había reconocido el sábado, pero antes nos dieron una vuelta por una calle donde había otras escaleras de aperitivo seguidas de una calle empinada de adoquines. Ya la cosa se ponía bien.
Tras una bajada y un llanito llegamos por fin a las famosas Bueren Stairs, que son toda una atracción turística en Lieja y en Bélgica. La verdad es que es una calle muy bonita. Justo debajo teníamos el primer avituallamiento con cerveza y música de ambiente. En todos los puestos de degustación, perdón, de avituallamiento, había música. El ambiente de la carrera es inmejorable, la verdad.
Tras unos minutos de degustación y unas fotos tiré para arriba. Subirlas corriendo tiene que ser un calentón total, pues son 374 escalones, pero como las subes andando y sacando fotos pues no son para tanto.
Tras las escaleras no hay descanso, pues terminan en una calle empedrada que sigue subiendo y que te dejan al pie de más escaleras que suben a un monumento junto a un bonito mirador a la ciudad. En el reglamento te recomiendan pararte a ver el paisaje, así que eso hice.
A partir de aquí, y hasta el km 18, más o menos, viene la parte más dura del recorrido. Toda esta zona se corre por la montaña de Bueren, con mucho sube y baja, con varios tramos de senderos, como en un trail, con mucho adoquín y giros complicados entre casas, y por patios de casas, bajada de escaleras, y todas las trampas que os podáis imaginar. Muy divertido.
Calculo que haríamos unos 3 km de tramos de trail, y tal vez unos 15 kilómetros de tramos de adoquín entre todo el circuito. Me recordaba mucho a correr una clásica belga de ciclismo. Me encantó.
Ya hacia el km 18 estábamos corriendo junto al río Mosa, el que atraviesa la ciudad. Primero en una dirección y luego en otra, pero con muchos desvíos para entrar en islas pequeñas (algunas con más escaleras), o para pasar por algunas callejuelas pintorescas, o para subir a un barco a tomar una cerveza antes de seguir (no os riáis que es la verdad, mirad el vídeo más abajo).
Como hacía viento, hubo bastantes kilómetros junto al río con viento de cara, pero sin más problema. Como hacía calorcito el viento venía hasta bien.
En esta segunda parte paré menos veces. Sí en los avituallamientos, para beber agua, tomar mis geles, y degustar algún trago de cerveza, pero no paré tanto a hacer fotos como en la primera parte, la de las cuestas, que me sorprendió más.
En los últimos kilómetros había que ir atento a las flechas azules que marcaban el recorrido, ya que en algunos desvíos no había gente y como en algunos cruces ibas y venía por el mismo carril si te despistabas podías confundirte de dirección y atajar sin querer. De todas formas, en general, era fácil seguir la ruta con las flechas y con los voluntarios de la organización.
Finalmente llegué a la meta en un tiempo de 4 horas y 20 minutos (sumando unos 25 minutos de paradas). Mi Garmin me marcó 41,5 km, y como el GPS siempre marca algo más que la realidad, calculo que el recorrido era de 41 km. Es un maratón que no está homologado (ni falta que le hace) y entre tanto giro y sendero es fácil que haya ese error en la medición. Pero es igual. Es un maratón duro.
En fin. Que he terminado encantado de la carrera y de Lieja. Un sitio estupendo para correr mi 18º maratón. Espero volver algún otro año y que mis compis de los Beer Runners se animen. Creo que es un maratón hecho para nosotros.
Como dato de lo tranquila que es esta carrera os diré que con mi tiempo he hecho el puesto 93 de 956 finishers. Solo hay 18 retirados y más de 260 corredores hicieron un tiempo de entre 6:30 y 7:20, por encima del supuesto cierre de control de 6:30 horas. El ganador hizo 2:51 y el segundo terminó en 3:10.
Por cierto, hoy lunes no tengo ningún dolor de piernas, ni rastro de agujetas. Ayer fue el primer maratón que corro con mis nuevas Saucony Freedom y es como correr sin zapatillas. Terminé sin ningún dolor en los dedos ni ampollas ni nada.
Y por cierto, mi objetivo de hacer un buen entreno de fondo con cuestas para el Ultra de Zermatt totalmente cumplido con creces.



La Ópera de Lieja.

Reconocimiento del sábado.




La salida.

Km 2: Desayuno.











Buena comida para terminar.


Detalle de la medalla: es un abridor de cerveza.

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sábado, 27 de mayo de 2017

Listo para un nuevo maratón: Lieja

A falta de ocho días para el Beer Lovers' Marathon, mi 18º maratón (2º del año), creo que la cosa va bien. Mi objetivo es solo terminarlo y disfrutarlo, además de sumar una buena tirada larga con cuestas para mi siguiente objetivo (y principal del 2017): el Ultra del Zermatt Marathon, en Suiza el 1 de julio.
Como veis en el perfil que os pongo más abjo, este maratón belga es muy complicado, teniendo en cuenta que es un maratón de asfalto.
En el km 8 se suben las famosas escaleras Bueren Stairs, que son 374 escalones que suben una calle larga y empinada y en la que asciendes casi 200 metros de desnivel. Y luego, tras superar esta pared, tenemos otros 3 km por la Rue des Cotillages, con otro desnivel de 200 metros. Luego ya vamos bajando y desde el km 17 hasta meta ya es llano. Habrá que elegir muy bien el esfuerzo en ese tramo para no pagarlo al final.

Bueren Stairs

Desde el 1 de enero, que es cuando empecé a entrenar más en serio en este año, he corrido 1.182 km en 97 días de entrenamiento. En total han sido unas 114 horas de entrenamiento, a una media semanal de 55 km. De este total de kilómetros, 150 han sido de trail, en 8 sesiones, incluyendo dos carreras.
En siete semanas he sumado más de 60 km, con tres por encima de los 70. La semana que más km he hecho han sido 79 km.
Por meses la cosa queda así:
  • Enero - 253 km
  • Febrero - 226 km
  • Marzo - 264 km
  • Abril - 222 km
  • Mayo - 217 km (hasta hoy)

En cuanto a las tiradas largas, he hecho 5 por encima de los 25 km: una de 25, otra de 26, una de 29 (la Wings for life) y otra de 31,5 km. Además, corrí el Maratón de Madrid en abril.

Bueno. No está mal. Me encuentro bastante bien. Como mi objetivo no es correr a ritmo de MMP, creo que estoy bien de fondo para acabar en Lieja en condiciones como para llegar a Zermatt con fuerzas para completar el ultra dentro del tiempo máximo que nos dan (8 horas para 46 km casi todo en cuesta arriba hasta pasar los 3.000 metros de altitud).
Lo veremos. Ya os iré contando.

lunes, 8 de mayo de 2017

Wings for Life World Run Valencia 2017

Por segundo año consecutivo he participado en esta especial y emotiva carrera benéfica. Esta vez lo he vuelto a hacer con el equipo que creé el año pasado en recuerdo de mi gran amigo Felix, aunque con la diferencia de que este año no he movido mucho el tema entre mis amigos para que se apuntaran aunque fuera para correr virtualmente desde casa. Aún así, se inscribieron seis amigos al equipo y cuatro, Sandra, Esther, Verónica y yo, hemos estado en Valencia representando a todos.
Desde el punto de vista personal la edición de este año ha sido diferente, ya que el año pasado fue muy emotiva al estar cercano aún el fallecimiento de Felix, y además corrieron conmigo en Valencia su viuda Elena, su hijo Xabier y su cuñada Ebe. Este año ha sido menos intenso el sentimiento, aunque he corrido con Felix en el pensamiento, por supuesto.
El equipo tras la carrera.

Por otra parte, el buen tiempo y el hecho de estar en Valencia con parte del equipo Beer Runners Bilbao, ha hecho que haya disfrutado mucho del tiempo que hemos pasado allí. He vuelto a ver a algunos amigos del año pasado y, la verdad, ha sido un fin de semana corto (llegué el sábado por la noche) pero intenso.
Si miro al apartado meramente deportivo, ha sido una carrera muy buena la que me ha salido. Creía que iba a hacer bastantes menos kilómetros que el año pasado, cuando alcancé casi los 27 y me empleé a tope en los últimos kilómetros. Este año me ha coincidido esta carrera tres semanas después del Maratón de Madrid, y a cuatro del Maratón de Lieja, con lo que creía que estaría todavía cansado y además no tenía intención de exprimirme al máximo para llegar fresco a Lieja.
Así que mi intención era llegar a los 20 o 21 km. Y con esa idea empecé a correr. Además, al haber llegado a Valencia a última hora de la noche, y haberme tomado un hidratante gintonic con mis compis, la verdad es que no dormí mucho.
El primer kilómetro me lo tomé con calma y fui un rato con mis amigas. Luego paré detrás de un árbol (tanto beber antes de la carrera se nota) y después ya empecé a mantener un ritmo constante no demasiado fuerte.
Sin embargo, a medida que iban pasando los kilómetros me iba encontrando cada vez mejor, algo usual en mí. Tengo muy comprobado que yo corro mucho mejor con calor, y ayer la temperatura en Valencia al mediodía (la carrera empieza a las 13:00) era superior a los 25ºC.
Y cuando llegué a los 20 kilómetros, tras tomarme un gel y glucosa en los kilómetros anteriores, como aún veía que el catcher car iba a tardar en atraparme, decidí que iba a vender cara mi piel. No me puse a tope, pero sí que mantuve una buena velocidad, marcando todo el rato parciales de algo menos de 5 min/km.
Haciendo un pequeño cálculo veía que si no llegaba a los 27 km cerca iba a andar. Algún momento hasta apreté un poco más, pero no quería cansarme demasiado así que preferí mantener el ritmo.
Hacia el km 25 una de las bicis que nos pasaban me comentó que el catcher car estaba como a un kilómetro por detrás, por lo que me iba a atrapar hacia el 27.
Pero de repente vi que algo no iba bien. Llevaba ya un tiempo sin ver ningún cartel con el km en el que íbamos, y al salir de un tramo de autovía por donde íbamos por el arcén bastantes corredores, teníamos un giro muy raro y nos juntábamos con otros corredores que venían de otro lado. Lo comenté con un compañero y me dijo que creía que nos habíamos confundido en la ruta, cosa que lo comprobé enseguida pues pasamos junto al cartel de km 30 cuando según mi reloj llevábamos algo menos de 27 km.
Como me estaban grabando para un reportaje para Eurosport, y sabía que querían tomar planos del momento de cuando el catcher car me alcanzara, decidí pararme, pues pensaba que la furgoneta del equipo de producción, que me había pasado en el km 20 más o menos, iba por detrás. Les llamé por teléfono para situarnos y les dije que estaba un poco más adelante que el km 30. Les comenté que seguía despacio para que me alcanzaran. Retomé la carrera a ritmo suave, pero tardaban demasiado en cogerme. Así que me paré de nuevo y fui caminando medio kilómetro en sentido contrario a la carrera. Me extrañaba que no hubieran llegado y les llamé de nuevo. Resulta que estaban más allá del km 31, así que empecé a correr de nuevo, esta vez más rápido no fuera que el catcher car me pillara antes de llegar allí.
Finalmente les alcancé y cuando me cogió el catcher car pasado el km 32 pudieron grabar el momento. Ya paré definitivamente. Según mi Garmin llevaba 29 km a una media de 5:01, contando el tramo de correr despacio. La verdad es que me encontraba muy bien. Podía haber seguido corriendo sin problema unos cuantos kilómetros más.
Después la furgoneta me llevó a la salida donde me reuní con mis amigas y estuvimos allí viendo la carrera por la pantalla hasta que finalmente el catcher car alcanzó a los ganadores Chema Martínez y José Antonio Requejo, que terminaron de la mano en un bonito final tras correr 66,2 km.
En mujeres en Valencia ganó la portuguesa Betinha Pereira, con 49,35 km.
En la clasificación mundial la ganadora en mujeres hizo 68 km y el ganador en hombres corriendo hizo 88 km, aunque en Dubai el ganador global hizo 92 km en silla de ruedas, ahí es nada. Qué campeones.
Según la clasificación oficial, yo hice 32,24 km, pero en realidad, como he dicho, fueron unos 29. Si no nos llegamos a confundir calculo que por el 27 o 28 me hubiera alcanzado el coche, un km por cada grado de temperatura como les dije en broma a mis amigas los días antes, je, je.
Viendo la clasificación de mi categoría de hombres M50, estoy en el 9º puesto de 52. Curiosamente los diez primeros hicimos entre 32 y 35 kilómetros, luego el 11º corrió 29,5 km y el 12º ya baja a los 22,93 km. Seguramente de entre los 10 primeros la mayoría estaremos en el grupo grande de corredores que equivocamos la ruta, por lo que más menos tenemos oficialmente unos dos o tres kilómetros de más.

La organización
Es una pena que una carrera tan bonita y que destina el 100% de lo recaudado a la investigación del daño medular, tenga en Valencia una organización con bastantes fallos. Ya el año pasado hubo muchas quejas de participantes y este año creo que ha sido aún peor.
Además del fallo de la mala señalización del recorrido (como he dicho, muchos corrimos un buen tramo por el arcén de una autovía), el gran fallo fue que a partir del km 10, gran parte de los participantes, el grueso del pelotón, se quedó sin agua en los avituallamientos. Teniendo en cuenta que la organización ya sabía que iba a hacer calor tenían que haber previsto esto.
Luego, el servicio de autobuses para recoger a la gente, sobre todo a los que pasaron de 25 km, ha tenido también bastantes quejas.
Y por último es triste también que en la zona de salida no hubiera algún tipo de avituallamiento para los que volvían allí a retirar su mochila del servicio de guardarropa tras acabar la carrera.
Eso sí, por lo que he leído y me han contado, un 10 para los voluntarios que se desvivieron por todo el mundo.
De todas formas, estoy seguro de que la organización es consciente de los errores y sabrán corregirlos para el año que viene. La carrera lo merece. 

Cerca del final (Foto de Mtbpasion).

Hidratación post carrera.

En plena entrevista para el reportaje para Eurosport.

El gran Chemita, haciendo el Robocop tras terminar la carrera.

El catcher car que pilota Carlos Sáinz.

Con la periodista Cristina Mitre.

Con Bea, la bloguera dicharachera bilbaina bei_uri.

Con la simpática actriz y deportista Mariam Hernández.

Con otra actriz y corredora y muy simpática, Kira Miró.

El equipo antes de la salida.

Las chicas con Chema Martínez.

En el cartel del km 33. Otro año a por él.

Viéndome por el tele "en directo" antes de la salida.

Este año han dado medalla, un buen detalle.

miércoles, 3 de mayo de 2017

Nuevo libro en mente, esta vez sobre mi experiencia como maratoniano

Tras mis dos últimas novelas que he publicado ("42,2 Muerte en Central Park" y "El polizón del buque fantasma") estoy trabajando en otra novela, pero a largo plazo.
De mientras me he decidido a escribir un libro sobre mi experiencia como maratoniano. Tengo un título en mente, pero aún no es definitivo así que no os lo digo por ahora.
Lo que sí tengo es más o menos decidido el índice de contenidos, en los que que habrá material que he ido publicando en este blog y material que escribiré exclusivamente para el libro. Por supuesto podréis leer las crónicas de mis 17 maratones (y de los que haga de aquí a que termine el libro).
Os pongo aquí el índice de contenidos y el primer borrador del prólogo en el que explico cómo empecé a correr maratones y por qué.
Espero que os interese.
Llegando a meta en mi primer maratón: Barcelona'96.

ÍNDICE DEL LIBRO:

Prólogo: ¿Por qué correr un maratón?
¿Y por qué el maratón mide 42,195?
Elegir tu primer maratón.
Encontrar la motivación para seguir.
Cómo preparar un maratón.
Cómo correr un maratón.
Cómo no pensar en un maratón (mientras corres un maratón).
Consejos: para la carrera, para el viaje, para entrenar...
Cómo gestionar la ansiedad previa al maratón
La importancia de la cadencia en la técnica de carrera.
¿Cuán larga debe ser la tirada larga?
Ser realistas con nuestras posibilidades.
Correr rápido o coleccionar maratones.
El punto de vista del médico deportivo.
Relación entre el test 2x6k y la prueba de esfuerzo.
El pulso como indicativo de la recuperación.
Envejecer corriendo.
Viajar y correr.
Viajar solo o con agencia.
Correr varios maratones seguidos.
Casualidades
Las redes sociales: conocer gente.
Grupos para correr: los Beer runners.
¿Por qué mi GPS me marca más distancia en cada Maratón que corro?
Maratón y ciclismo. ¿Qué es más duro?
Correr por un motivo: ayudar.
Darle la vuelta a los problemas. La experiencia de la anulación de NY’12.
Qué maratones me gustaría correr
Todo no suma.
Chi va piano va sano e va lontano
Mi blog.
Gente que me inspira
Libros que inspiran
Literatura para maratonianos.
Correr con cuestas, con frío, con calor, de noche,
Correr despacio para correr más rápido.
Barcelona’96.
San Sebastián’97.
Bilbao’00.
San Sebastián’12.
NY’13.
San Sebastián’13.
Rotterdam’14.
Sevilla’15.
Barcelona’15.
Burdeos’15.
Vitoria’15.
Laredo’15.
Washington’15.
París’16.
Berlín’16.
San Sebastián 2016.
Madrid’17.
Otras carreras: Zermatt, WFL, trails, medios maratones,...
El Tourmalet corriendo.
La Wings for Life World Run
II Subida a los Lagos de Covadonga (corriendo)
Gorbea Beat the Sun, o cómo los sueños dan dolor de piernas.
¿Solo dos maratones al año? ¿Por qué?
Mi objetivo para los siguientes 20 años.


Prólogo: ¿Por qué correr un maratón?

¿Por qué correr un maratón? Tal vez si respondo a la pregunta de por qué corrí mi primer maratón esté respondiendo a la pregunta de por qué hacerlo.
¿Qué me llevó a correr por primera vez la distancia de 42,195 km? No tengo ni idea. Fue una decisión de éstas que te van rondando en la cabeza hasta que toman forma concreta y decides llevarla a la práctica. En realidad nunca sabré cuándo empezó a rondarme esa idea, solo sé que cada vez pensaba más y más en ella y un día decidí que debía correr un maratón.
¿Cuándo me pasó esto? Pues no sé. Ya desde que estaba en edad escolar me gustaba correr. El fútbol se me daba fatal, y en nuestro entorno si eres un crío que juega mal al fútbol no eres popular. Tal vez de ahí venga mi animadversión por el fútbol. De ahí y de que me resulta tremendamente aburrido. Creo que he visto muy pocos partidos de fútbol que hayan logrado mantener mi interés los 90 minutos. Si además le sumas a esto el hecho de que el fútbol es el deporte donde más violencia se da en su entorno, incluso en las categorías escolares, pues, la verdad, no le tengo mucho cariño.
Así que, allí estaba yo, marginado en los recreos cuando se formaban partidos de fútbol. El baloncesto y otros deportes de equipo tampoco me atraían demasiado. Pero de vez en cuando algunos como yo nos juntábamos y corríamos dando vueltas a la Plaza Elíptica en el centro de Bilbao (que era nuestra pista de atletismo), y más tarde dando vueltas a la ikastola Lauro durante el recreo. A mí desde siempre me gustaban los documentales, sobre todo los de Félix Rodríguez de la Fuente de “El hombre y la Tierra”. Y me gustaba cuando contaba con su inolvidable voz cómo cazaban los lobos a sus presas, acosándolas y persiguiéndolas hasta que la mayor resistencia de los lobos las agotaban. Entonces yo no había oído nada acerca de la “caza por persistencia”. De esto he sabido no hace mucho tras leer el famoso libro “Nacidos para correr”, de Christopher MacDougall. Pero, sin saber nada de eso, a mí me gustaba imaginarme que yo era un lobo corriendo infatigable tras mis presas por el monte.
Pero estoy seguro de que ni aún entonces yo pensaba que alguna vez me iba a gustar correr maratones. Seguramente no oía hablar mucho de maratones en aquello años de finales de los 60 y principios de los 70. Sí que oía hablar de Mariano Haro, un gran fondista palentino. Pero más que nada porque mi abuela materna era de Palencia.
Cuando ya entré en la adolescencia, y tal vez porque en Euskadi el ciclismo siempre ha sido un deporte popular, me aficioné mucho a montar en bicicleta. El primer póster que recuerdo tener colgado en mi habitación era uno de Eddy Merckx, el mejor ciclista de la historia. Con 15 o 16 años, no recuerdo bien, me compraron mi primera bicicleta “de carreras”, porque mis amigos con los que pasaba el verano en Lekeitio (que eran algunos de mis antiguos compañeros de la ikastola) solían salir en bici bastante. Y como en Lekeitio se captaba la señal de la televisión francesa, en julio solíamos ver las etapas del Tour y luego recorríamos las carreteras de la zona jugando a ser Eddy Merckx, Bernard Hinault, Joop Zoetemelk, Luis Ocaña y otros héroes de la ruta. Curiosamente, de todos aquellos amigos con los que me inicié en la bicicleta yo he sido el único que ha seguido practicando ciclismo toda la vida.
Así que, en aquellos años entre los 15 y los 18, yo corría en el colegio (BUP y COU ya no seguí en la ikastola Lauro) durante el invierno, y montaba en bici durante el verano. No hacía competición, pero en ese tiempo fui formando mi cuerpo como corredor de fondo, que es lo único en lo que destaco un poco.
Después, el ciclismo empezó a ser una verdadera pasión para mí, y desde que terminé el Colegio ya empecé a salir en bici casi todos los fines de semana desde la primavera hasta el otoño, primero con la Sociedad Deportiva Indautxu y luego desde 1985 con la Sociedad Ciclista Bilbaina, mi club, del que fui presidente unos años.
¿Y cuándo corría? Pues en los meses de invierno, donde descansaba de la bici y hacía otros deportes que me gustaban, sobre todo ir al monte y correr. Corría algunas carreras cortas de la zona, y alguna vez la Behobia - San Sebastián, que para mí ya era larga por aquel entonces.
Pero aún no pensaba en correr maratones. Mis ansias de realizar grandes gestas deportivas estaban centradas en la bicicleta, sobre todo cuando ya en los 90 empecé a participar en grandes pruebas ciclistas en los Pirineos franceses subiendo los mismos puertos de montaña que tantas veces había visto por la tele y en las revistas.
Sin embargo, en algún lugar de mi cerebro tenía un maratoniano dentro, y creo que se despertó con las grandes gestas de atletas vascos, sobre todo con las de Diego García y Martín Fiz. Sus éxitos en los maratones despertaron a mi maratoniano interior y a mediados de los 90 ya empecé a pensar en alto que alguna vez me gustaría correr un maratón. Y creo que ya entonces empecé a soñar con correr un día el Maratón de Nueva York (sueño que hice realidad en 2013, tras una aventura en el 2012 que explico en otro capítulo).
Y así, de forma natural, un día le comenté a Joseba Barrón, mi compañero de la S.C. Bilbaina en muchas correrías por los Pirineos y que además es médico deportivo, que quería prepararme para correr un maratón. La idea era elegir uno que fuera a primeros de primavera, para entrenar en invierno, y luego enlazar con la temporada ciclista.
En el club teníamos también a un gran deportista que hacía duatlones y corría maratones. La verdad es que no recuerdo su nombre. Hablando con él en alguna excursión cicloturista me recomendó que para debutar en maratón eligiera un maratón con mucha gente y con mucho público para ayudarme a no venirme abajo en los momentos duros. Así que elegí debutar en Barcelona en 1996, en el que sería el último año que el Maratón de Barcelona hiciera el recorrido del maratón olímpico de 1992, con la terrible subida final a Montjuïc.
Me puse en manos de Joseba y me preparó un plan de entrenamientos. Lo primero que me preguntó es qué marca pensaba hacer. Yo no tenía ni idea. Más o menos, con los ritmos a los que corría entonces pensaba que podría poner como objetivo las 3:30 horas, a una media de 5 minutos el kilómetro.
Como necesitaba una referencia, Joseba me mandó correr una prueba de 10.000 metros para, de ahí, deducir una posible marca objetivo. No había ninguna carrera de 10 km en las siguientes semanas cerca de Bilbao, así que un día bajé al parque de Doña Casilda con la bici, que tenía un cuenta kilómetros de los de entonces, y un espray de pintura roja. Tomé un punto de referencia y fui marcando el perímetro del parque cada 100 metros. Luego, al día siguiente, y sabiendo cuántas vueltas tenía que dar para completar los 10 km, fui al parque y corrí lo más rápido que pude. Creo recordar que tenía que dar 9 vueltas y un poco, porque cada vuelta era de poco más de 1.100 metros. No recuerdo lo que tardé pero creo que dimos por bueno el objetivo de 3:30 horas.
Y así empezó mi periplo maratoniano. Tenéis la historia de cómo me fue en Barcelona en el capítulo correspondiente.
Al año siguiente también decidí que iba a correr otro maratón, pues la experiencia de Barcelona me marcó y a pesar de que me resultó una carrera durísima, según pasaba la meta ya tenía ganas de vivir otra vez ese momento mágico que supone siempre terminar un maratón.
En 1997 cambié el plan y me apunté al Maratón de San Sebastián. Al ser en noviembre podía centrarme en la bicicleta hasta julio, para las grandes citas, y luego ya empecé a entrenar para el maratón. El objetivo volvía a ser hacer un tiempo de 3:30 horas, y esta vez me quedé cerca.
Los siguientes años entre la bici y el hecho de ser padre, apenas pensé en el maratón. Pero en el año 2000, unos problemas personales de los que no me gusta hablar, me hicieron salir menos en bici y enfoqué mi motivación en completar el antiguo Maratón de Bilbao, que se celebraba en mayo. La verdad es que el tener en mente el maratón me ayudó con mis problemas y me salvó en los momentos complicados. Lo mismo me ocurrió muchas otras veces en los siguientes años al tener diferentes objetivos deportivos.
Así que el año 2000 corrí mi tercer maratón en Bilbao, en casa. No lo pude entrenar mucho, así que me lo tomé con calma.
Después, poco a poco retomé con brío la bicicleta, y aunque corría algunas carreras y algún medio maratón no fue hasta el año 2011 en el que decidí correr maratones de nuevo. Y ahí surgió como gran motivación la elección de “debutar” de nuevo en la distancia reina en Nueva York en 2012.
En 2012 no pudo ser pero sí que fue otra vez San Sebastián. En 2013 por fin corrí en Nueva York y unas semanas después también en San Sebastián. Luego en 2014 fue Rotterdam el elegido.
El año 2014 coincidió también con mi último año como ciclista de fondo, ya que unos problemas en la columna por una espondilitis me empezaron a resultar demasiado molestos en las salidas largas en bicicleta, con lo que ese año pasé de ser un ciclista que de vez en cuando corría maratones, a un maratoniano que de vez en cuando sale en bici.
Y así empezó todo. Y seguimos.

martes, 25 de abril de 2017

Maratón de Madrid: una tirada larga estupenda con cuestas (y calorcito)

Tal y como tenía señalado en mi calendario, en el mes de abril me llegaba mi primer maratón del año, esta vez en Madrid, un gran maratón que no conocía, pero que tenía ganas de correrlo. Además, este año, con el reto del Ultra Maratón de Zermatt (Suiza) del 1 de julio, tenía más ganas de correrlo, ya que una buena tirada larga con cuestas me viene muy bien este mes.
Una nueva foto en una nueva meta. Siempre un momento de felicidad.

Casualmente, una vez decidido que lo iba a correr, me di cuenta de que este año era la 40ª edición de la carrera. En 2015 corrí la 40ª edición del Marine Corps Marathon, en Washington, en 2016 participé en la 40ª edición del Maratón de París, y en 2017 he corrido la 40ª edición de Madrid. Casualidad. Y para seguir la racha miré a ver qué maratones cumplían 40 años próximamente y he visto que en 2018 será Barcelona. Así que, allí estaré para mi tercera participación en la ciudad condal. Seguiré buscando, je, je.
Como os he dicho, mi objetivo en Madrid solo era completar un maratón más y acumular un buen entreno de fondo progresivo con cuestas. Nada de ir a hacer marca. Primero, porque en Madrid es muy difícil por el perfil, y segundo porque de aquí al 1 de julio tengo otros objetivos, como el Beer Lover’s Marathon en Lieja (Bélgica) el 4 de junio, y no quiero llegar muy cansado a Suiza.

El fin de semana en Madrid
A Madrid hemos ido una gran representación de los Beer Runners de Bilbao, la mayoría han ido al Medio Maratón y dos hemos ido al Maratón. La pena es que como hemos ido un poco desperdigados nos hemos visto poco. Habíamos quedado antes de la carrera para hacer una foto conjunta con los Beer Runners España, pero por la hora, y por el lío de dejar las cosas en el Guardarropa y tal, al final algunos no llegamos a la cita. Además, yo me despisté de mi grupo y en el cajón de salida nº 6 no me encontré con nadie, así que corrí solo toda la carrera. Un fastidio, porque varios compañeros iban a hacer el Medio Maratón a un ritmo adecuado para mí y hubiese tenido compañía hasta el km 14, donde se separan ambas carreras. Lástima.
De todas formas lo hemos pasado bien (algunos muy bien, a juzgar por los vídeos que han puesto en el Facebook del grupo, ja, ja, ja). Y enhorabuena a todos, ya que cumplieron sus diferentes objetivos. Solo Andoni, que hizo el Maratón, terminó un poco disgustado por no hacer la marca prevista. No pasa nada Andoni, estuviste cerca y tal vez Madrid no era el maratón adecuado para la marca que querías. A por la siguiente.
El sábado por la mañana yo había quedado para correr un poco por El Retiro con algunos maratonianos a los que solo conocía por Instagram de compartir fotos y comentarios. Allí desvirtualicé a Lisbeth (maratoniana73, gran lectora de mis novelas) y a Agustín (bobal7355) entre otros. Un placer ponernos cara real y trotar un rato juntos. Disfruté mucho.
Luego fui a la Feria a por el dorsal y allí comimos en la Pasta Party. La pena es que no coincidí con Chema Martínez en el stand de Adidas. Me hacía ilusión verle otra vez después del día que vino a correr a Bilbao. Por la tarde me dediqué a descansar antes de ir a cenar y dejar todo preparado para el domingo.

La carrera
A pesar de que fuimos temprano, entre una cosa y otra al final, como he dicho, se nos hizo tarde y no llegamos a la foto. Según íbamos para el guardarropa me encontré con uno de mis escritores favoritos, Pío Baroja, y me saqué una foto con él.
Ya en el cajón, sin amigos alrededor (salvo otro conocido de Instagram, Manu, a_mis_40_y), esperé a la salida y tardé casi 15 minutos en empezar a correr desde la hora oficial.
Mi plan era sencillo: no cansarme y correr a pulsaciones sin superar mi umbral hasta casi el final. Una tirada larga progresiva, más larga de lo normal. Además, los primeros kilómetros son en subida y si te empeñas en seguir un ritmo preestablecido puedes ir gastando más de la cuenta para un maratón. Paciencia.
Se veía que iba a hacer calorcito, aunque eso a mí no me preocupa demasiado. Lo que sí me preocupaba era una sobrecarga con la que llevo desde hace unos días que me coge el piramidal derecho y me produce una tensión en el muslo y en el gemelo. Procuré estirar en la salida y salí mentalizado a beber bastante para evitar calambres por deshidratación.
Pero no sé si por los nervios o qué, el caso es que el primer pinchazo en el gemelo me vino en el km 2, y aún no había tenido tiempo ni de empezar a deshidratarme. Por suerte fue un tirón pasajero y pude seguir corriendo. Pero mala señal.
Ya para el km 4 empecé a sentir sed, así que esperaba con ansia el avituallamiento del km 5. Y aquí me encontré con un fallo de la organización (tal vez el único reseñable, por otro lado). Mientras corría en busca de agua, apareció la primera mesa del avituallamiento, por lo menos del lado derecho de la calzada, y en ella no quedaban botellas, salvo unas pocas en una caja en el suelo. Miré hacia delante, para seguir corriendo hasta la siguiente mesa y comprobé, contrariado, que no había más mesas. Así que di la vuelta a la mesa, por la acera, como otros corredores, y tomé una de las últimas botellas que quedaban. La gente comentaba el hecho insólito de que no quedara agua. Poco después comprobamos con alivio que había más mesas con agua, pero las habían colocado tan distantes que entre el pelotón de corredores no se veían desde donde estaba la primera mesa.
Bueno. Un contratiempo solventado. De eso tratan los maratones, de ir solventando los problemas y aceptándolos a medida que se presentan, como en la vida normal. Hay que salir mentalizado de que te puede pasar cualquier cosa para no bloquearte mentalmente.
Seguimos subiendo hasta que ya por fin el recorrido empieza a ser más llevadero. Ahora empezaba mi juego mental de ir buscando el final de cada etapa de 5 km. Una vez paso el km 5, busco el km 10, etc. Además, al hacer calor y como nos daban el agua en botellas, iba bebiendo poco a poco cada botella, de forma que cuando ya la terminaba estaba a mitad de cada etapa de 5 km y así se pasan más rápido.
A partir del km 10, además del juego de las etapas, empezaba también mi juego de los geles y glucosa. Tengo comprobado que el mejor método de no tener un bajón en el rendimiento a partir del km 30 (el famoso muro) es empezar a meter gasolina desde el km 10. Y así, yo voy alternando un gel o dos pastillas de Glucosport cada 5 km empezando en el 10. Muchas veces incluso no me hace falta tomar nada a partir del km 35 porque voy bien.
Iban pasando los km lentamente entre comer, beber, desbeber de tanto beber (paré cuatro veces a hacer un pis) y refrescarme. En el km 13,5 nos separábamos del recorrido del Medio Maratón entre aplausos y ánimos de los participantes del Medio para los que seguíamos al Maratón (muchas gracias, compañeros).
Parecía que el gemelo me aguantaba. Pero en el km 14, un nuevo pinchazo, esta vez más fuerte, me obligó a parar a estirar un poco. Seguí corriendo y más o menos en el km 18 otra vez un fuerte pinchazo. Nuevo estiramiento para intentar solventar el problema, pero ya me empezaba a rondar por la cabeza que si la cosa seguía así, mal lo iba a tener para terminar el maratón.
Aquí, por cierto, vi también que los avituallamientos no coincidían exactamente cada 5 km, que es lo habitual, sino que algunos me coincidieron en el km 16 o 21. Para mi juego mental casi que me venía bien, pues yo ya iba con el gel preparado para tomarlo con el agua, y como el avituallamiento estaba un km más lejos de lo que yo pensaba, para cuando cogía el agua y me bebía la botella, ya estaba casi a la mitad o más de mis micro etapas de 5 km y así se me pasaban más rápido.
Bueno, pues ahí seguía yo, corriendo a un ritmo tranquilo y uniforme y casi esperando al siguiente pinchazo en el gemelo.
No sé si será habitual en corredores de larga distancia, pero a mí me pasa muchas veces que cuantos más kilómetros llevo, mejor me encuentro. Hay semanas en las que entreno muchos más kilómetros que los habituales y cuando voy a mi masajista resulta que tengo las piernas mejor que otras semanas que he descansado.
Pues bien. No sé si sería por eso, pero el caso es que el pinchazo fuerte del km 18 fue el último que tuve. Hacia el km 35 sí que noté un dolor cerca del tobillo que llevo tiempo sintiendo de vez en cuando, pero ya no tuve apenas molestias en las piernas, ni siquiera en la última parte del maratón, que pica mucho para arriba.
Pasé el medio maratón en un tiempo lento de 2:03:38 y seguí pasando los km con mis juegos mentales. La cosa marchaba más o menos bien. De sensaciones iba muy cómodo, y salvo la espada de Damocles del gemelo, todo marchaba según lo previsto.
En el km 30 ya empecé a prepararme para la larga subida que se inicia más o menos en el km 32 hasta el km 41. Y tal vez por ir mentalizado a encontrarme con esos kilómetros finales duros, no se me hicieron nada duros. De hecho, mirando los parciales de cada tramo de 5 km, resulta que mis parciales más rápidos fueron del 5 al 10, que son en bajada, y del 35 al 40 que son en subida. Hice un final muy bueno pasando a mucha gente. Se notaba que el calor hizo estragos en mucha gente. Para mí, la verdad, no hizo tanto calor. Recuerdo haber corrido los maratones de Vitoria y de Laredo en 2015 con mucho más calor, más de 30 grados y mucha humedad en Laredo. En Madrid hizo calorcito, pero para mí la temperatura fue buena (será que soy del sur de Bilbao).
En el km 37 algunos de mis compis Beer Runners me animaron, y en el km 38 estaba mi mujer esperándome. Me paré a darle un beso y seguí hacia la meta con la sensación de correr a gusto y sabiendo que ya iba a terminar en más o menos el tiempo que tenía previsto de poco más de 4 horas.
Final de la cuesta y entrada al Parque del Retiro. Entrenamiento progresivo (pulso controlado hasta el km 30 y luego ya subiéndolo poco a poco) y con cuestas superado con nota y mi 17º maratón completado. Muy satisfecho.
Ahora a recuperar lo más posible ese gemelo y el piramidal para correr a gusto en dos semanas la Wings for life Run de Valencia, y el maratón de Lieja, y llegar así a tope a Zermatt.

Mis datos
Aquí tenéis mis datos por parciales. Como se ve, bastante regular, incluso acabado más rápido que el principio. Segundo medio Maratón 1:48 minutos más rápido que el primer medio, pese a que la segunda parte es más dura por terminar cuesta arriba.
Parciales bastante regulares.

Pulso en progresión muy controlado.

Como veis, adelanté a muchos corredores durante la carrera. El puesto que sale aquí es solo de la categoría Hombres.


Organización
Salvo el fallo comentado del primer avituallamiento, la organización me pareció buena. No es un maratón para correr fuerte, por el recorrido duro y porque había muchos embudos, incluso ya cerca del final.
El ambiente ha sido bueno, aunque se concentraba mucho en algunos puntos del recorrido, como en Sol, pero había muchos sitios algo tristones. Y para ser un Rock&Roll Marathon, eché en falta más música. Recuerdo que en NY casi dejabas de oír un grupo cuando ya estabas empezando a oír al siguiente.
¡Ah! Y a ver si el ayuntamiento arregla los baches de las calles, que si te despistabas te podías hacer un esguince fácilmente.