lunes, 11 de diciembre de 2017

Lanzarote International Marathon 2017

Entre la mar y las montañas de fuego
Cuando vi que este maratón se celebraba en mitad del puente de diciembre, no dudé en inscribirme. Hace muchos años ya había estado en Canarias en diciembre, aquella vez para participar en la Vuelta Cicloturista a Maspalomas, en Gran Canaria, y tenía un gran recuerdo de aquellos días montando en bici de corto en diciembre. Así que, qué mejor ocasión para correr mi cuarto maratón del año, y mi vigésimo total, que haciéndolo con buen tiempo mientras disfrutaba de unas mini vacaciones en un lugar paradisiaco.
Y trabajo hecho: 20 maratones.

De las siete islas principales del archipiélago, solo me faltaban por conocer Lanzarote y El Hierro. Un motivo más para viajar al Lanzarote International Marathon. Espero ir algún día a El Hierro y tachar esta última isla de mis sitios por conocer.
El Maratón de Lanzarote se corre el sábado, lo cual está muy bien ya que así puedes planificar el regreso a casa el domingo por la tarde y aprovechar al máximo los días que pasas en la isla. Una isla muy bonita, con un paisaje volcánico característico, de montañas de poca altitud (máximo 670 metros en la montaña de Peñas del Chache) que hacen que toda la isla sea de un color oscuro, de rocas volcánicas con muy poca vegetación.
Entre las diversas zonas volcánicas de la isla sobresale el Parque Nacional de Timanfaya ya que en este lugar se produjeron las erupciones más recientes, que fueron entre los años 1730 y 1736, y más tarde en 1824. Por eso, este paisaje que se conoce como el de las “Montañas de fuego” es más espectacular, si cabe, que el del resto de la isla.
En fin, que los días previos a la carrera hemos hecho turismo y hemos podido admirar no solo Timanfaya, sino también otras curiosidades naturales como los Jameos del Agua o la Cueva de los Verdes, formaciones geológicas producidas por el vulcanismo que son realmente hermosas.

La carrera
Como su nombre indica, el Lanzarote International Marathon es un maratón muy internacional. En Lanzarote enseguida se aprecia que hay muchísima gente proveniente de las Islas Británicas. En las estadísticas de la participación en las diferentes distancias (maratón, medio maratón, 10k y 5k) vemos que de los 2.271 inscritos (659 en el maratón) solo hay 548 españoles, mientras que hay 911 británicos, 231 irlandeses, 159 alemanes, 153 italianos, y luego ya más repartidos entre 38 nacionalidades. Como veis, es más normal escuchar hablar en inglés que en castellano, y eso se nota también en los restaurantes y bares de la isla.
La carrera está muy bien organizada por la empresa especializada en turismo deportivo Sands Beach Active, algo muy normal en esta isla y en alguna otra de Canarias.
El recorrido es ida y vuelta saliendo desde la localidad de Costa Teguise, junto al hotel Sands Beach, donde tiene su sede la organización, y el trazado es por la costa atravesando Arrecife y dando la vuelta en el medio maratón en Puerto del Carmen. La salida para el maratón se da a las 8 de la mañana. Luego los del medio maratón salen a las 10:30 de Puerto del Carmen, y posteriormente se da la salida a los de 10k y 5k que recorren el final del maratón. Así, más o menos todos los participantes van llegando a la meta simultáneamente.
El recorrido tiene bastantes subidas y bajadas, sobre todo en los primeros diez kilómetros que también son los diez últimos. Si a esto le añades que en Lanzarote lo normal es que haya viento, pues la carrera no es precisamente sencilla.
Mi plan para la carrera pasaba por correr suave todo el rato. Venía de correr el Maratón de Valencia tres semanas antes y tampoco he llegado en mi mejor forma. Así que, mi idea era correr todo el tiempo con bajas pulsaciones, a una potencia menor a la de Valencia y buscando la sensación de comodidad, dentro de lo que se puede correr cómodo un maratón exigente.
Además, y como con este maratón cumplía mi maratón número 20, tenía en mente un plan para acabar a lo grande. Un plan un poco loco, la verdad, pero es algo que me caracteriza, je, je. Había pensado que, si llegaba a la meta muy entero, correría unos kilómetros más para intentar correr al menos 45 kilómetros y, si podía ser, llegar a los 50 kilómetros. Sí, ya sé. Una locura, pero de las locuras salen las experiencias y los recuerdos que más te llenan.
Bueno. Era una idea. Ya vería sobre la marcha si la llevaba a buen término. Estoy loco, pero no tanto.
Con puntualidad británica, muy adecuada vistas las circunstancias, se dio la salida al maratón a las 8 de la mañana. Al de poco de salir ya teníamos la primera cuesta. Yo intenté coger un ritmo cómodo desde salida, mirando todo el rato el pulso, la potencia y mis propias sensaciones. Antes de salir el viento nos daba una sensación de fresquito, y por eso había salido con manguitos, pero enseguida me los quité porque la temperatura para correr era muy agradable.
En cada avituallamiento (muy buenos, ya que había uno cada 2,5 kilómetros) fui cogiendo agua y cada cinco kilómetros iba tomando un gel, como hice en Valencia y que me permitió llegar al final de la carrera en perfecto estado.
Pasado el kilómetro 10, en Arrecife, el terreno ya no era tan sube y baja, y ya podíamos estabilizar el ritmo con más facilidad. Mientras íbamos disfrutando del bonito paisaje, todo el rato junto al mar, empecé a tener algunos dolores por la cadera, que no me iban a abandonar el resto de la mañana. No me impedían correr, pero no podía ir muy a gusto, así que empecé a valorar si mi ambicioso plan era factible o no.
Más tarde dejábamos a un lado el aeropuerto y nos acercábamos al giro del medio maratón. Por estas alturas de carrera tuve algunas molestias estomacales y tuve que hacer una parada técnica en un baño. Por suerte luego no tuve más problemas de este tipo.
Según llegábamos al giro ya veíamos a algunos corredores que iban a participar en el medio maratón que estaban calentando, como Chema Martínez, al que saludé al cruzarme con él. Él, a su vez, me saludó con un “Ánimo Javi”, pero no creo que me reconociera de cuando hemos coincidido en la “Wings for life” en Valencia o en algún entrenamiento en Bilbao, sino que se fijaría en mi nombre en la camiseta.
Por ahora el viento no molestaba nada y teníamos ya algo de calor, puesto que íbamos con viento de culo. Pero nada más dar el giro se notaba que el viento tenía algo de fuerza ahora que nos iba a dar de cara hasta la meta.
Seguí corriendo intentando mantener el ritmo que llevaba. La temperatura seguía agradable, en torno a los 22ºC, pero ahora, al tener viento, ya no sentía mucho calor. Mi ritmo no era exigente, y las pulsaciones y la potencia se mantenían bajas, pero las sensaciones ya no eran las mejores. Además, sabía que a partir del kilómetro 32 volvían de nuevo las cuestas. Por lo tanto, procuré mantenerme lo más cómodo posible para llegar entero a la parte final y ver si me animaba al menos con los 45 kilómetros.
En el kilómetro 32 me pasaron Chema Martínez y otro corredor. Justo un poco después, en la primera de las cuestas duras, Chema se descolgó y solo pudo hacer segundo en la meta.
Por mi parte, cuando llegué al inicio de la cuesta dura aproveché para caminar unos metros y no sufrir cuesta arriba. De ahí a la meta hice lo mismo en las zonas de subida más duras. No estaba yo como para tirar cohetes.
Poco a poco iba alcanzando la meta final. El dolor de la cadera era cada vez más molesto y las sensaciones no mejoraban, así que mi plan de correr un “ultra” empezó a desvanecerse con buen criterio. Con acabar el maratón me daba por satisfecho.
Tras el último repecho que subíamos, que no era el más duro, ya estábamos casi en la meta. Ahí, aprovechando la última bajada, fue cuando me permití acelerar y corrí rápido el último kilómetro y medio.
Crucé la meta con un tiempo oficial de 4:03:29. Sin contar la parada para ir al baño tardé un poquito menos de 4 horas. En la meta paré el reloj y le di a la opción de “guardar archivo”, así evitaba la tentación de seguir corriendo. Sí. Podía haberlo hecho, pero era un poco absurdo seguir corriendo mal tres kilómetros y empeorar la molestia de la cadera.
Hay que decir que el maratón me midió 41,7 kilómetros según mi potenciómetro, que es más exacto que el GPS. No es un maratón homologado y creo que le faltan unos 500 metros para llegar a los 42,2 kilómetros, pero qué más da. Es un maratón.
Según los datos estadísticos de la organización quedé en el puesto 253 de 601 finishers, el 37º de 77 participantes de mi categoría de Veterano D. Pasé el medio maratón en 2:02:26, por lo que la segunda mitad la hice en 2:01:03, más rápida que la primera, pero en la primera está incluida mi parada en boxes.
Al paso por el medio maratón iba en el puesto 382 y desde ahí, pese a no correr muy a gusto, fui mejorando en cada control para terminar en el puesto 253.
Bueno. No está mal para haberlo corrido con viento, cuestas y dolores. Puedo estar satisfecho.
Tras la carrera me di un chapuzón en la piscina del hotel (bendito clima canario) y descansé. Lo de la cadera creo que es un tema del piramidal. Espero que con el descanso que tengo programado en lo que queda de año se me recupera bien.
Por de pronto ya estoy perfilando mis maratones para 2018. Se presenta un año muy interesante.

Datos de la carrera:
Total: potencia media 200 w, potencia máxima 289 w, pulsaciones medias 135 ppm, pulsaciones máximas 153 ppm. Ritmo medio 5:46 min/km.
Últimos 1,6 km: potencia media 214 w, potencia máxima 289 w, pulsaciones medias 142 ppm, pulsaciones máximas 153 ppm. Ritmo medio 5:17.

Datos de la organización.


Aterrizaje junto al mar. Por el paseo que se ve pasa el maratón.

Cueva de los Verdes.

Cueva de los Verdes.

Timanfaya.






Bajo el suelo aún se nota el calor de la Tierra.

El Golfo.

El Golfo.

Costa Teguise.


Corriendo un poco en Costa Teguise.

Isla de la Graciosa,

Castillo de San José. Fijaros en las esculturas de los jinetes en el agua.

Castillo de San José.

Castillo de San José.

Faro Pechiguera. Al fondo se ve Fuerteventura.



En esta foto se ve muy bien que no fue un maratón fácil para mí.




Súper feliz llegando a meta.

Camiseta y calcetines originales.

Pues eso. Nunca debemos rendirnos.



lunes, 4 de diciembre de 2017

Tres semanas entre dos maratones: ¿qué hacer?

El sábado que viene, si todo va bien, correré mi vigésimo maratón en Lanzarote. Será tres semanas después del Maratón de Valencia. No es la primera vez que enlazo dos maratones tan seguidos.
Carrera "Balmaseda - Zalla - Balmaseda" a ritmo controlado ayer domingo.

En 2013, tras el Maratón de Nueva York corrí el Maratón de San Sebastián tres semanas después. En Nueva York corrí muy tranquilo en 4:33 horas, sacando fotos y sin apretar. A pesar de todo, sufrí algunos calambres en las piernas. Luego, tras tres semanas de medio descanso, en San Sebastián bajé de 4 horas (3:59) y corrí con unas sensaciones mucho mejores que en Nueva York.
En 2015 entre febrero y junio enlacé cinco maratones. El tiempo entre ellos varió de tres a cinco semanas, y las sensaciones también variaron mucho. En esta ocasión lo que determinó cómo me sentí en estos maratones fue que en el primero, en Sevilla, corrí a por mi MMP (me quedé a tres minutos con 3:42 horas). Mientras en 2013 los dos maratones seguidos los corrí sin apretar, en 2015 llegué al Maratón de Barcelona en marzo tres semanas después de correr a tope en Sevilla. Esto, claro está, me provocó que en Barcelona ya desde el kilómetro 20 me notara cansado y me costó terminarlo en 4:14 horas. Nada que ver con  la experiencia de 2013.
A muchos les puede parecer excesivo correr dos maratones tan seguidos, pero creo que todo depende de la experiencia y la forma física de cada uno, además de una buena planificación tanto en el entrenamiento previo al primer maratón como en periodo de tres semanas entre maratones.
Pongo aquí lo que hice en esas tres semanas en las anteriores ocasiones y lo que estoy haciendo ahora de cara a Lanzarote. Por supuesto, lo que no hay que hacer en estas tres semanas es entrenar buscando mejorar la forma. El entrenamiento “serio” se ha tenido que hacer antes del primer maratón. En las tres semanas intermedias lo que hay que hacer es descansar, recuperar bien y un entrenamiento no extenuante de mantenimiento.

NY – San Sebastián 2013:
Primera semana: descanso total hasta el viernes incluyendo un masaje. Viernes 30’ carrera suave. Domingo 1:06 a ritmo medio.
Segunda semana: miércoles 45’ suaves, jueves 1:00 a ritmo medio, viernes 26’ suaves, domingo 1:15 con 10k más fuertes en el entrenamiento.
Tercera semana: martes masaje, miércoles 34’ suaves, viernes 27’ suaves y domingo maratón (a ritmo conservador).

Sevilla – Barcelona 2015:
Primera semana: descanso total hasta sábado incluyendo un masaje. Sábado carrera en cinta 22’ suaves, domingo 1:11 algo más fuerte.
Segunda semana: martes 53’ suaves, miércoles 1:20 con 3x15’, viernes 35’ suaves, sábado 1:45 de bicicleta suave, domingo 47’ suaves.
Tercera semana: martes masaje, miércoles 33’ suaves, viernes 41’ suaves y domingo maratón.

Valencia – Lanzarote 2017:
Primera semana: descanso hasta viernes con incluyendo masaje. Viernes 24’ suaves, sábado 1:06 a ritmo medio, domingo 38’ suaves.
Segunda semana: miércoles 53’ con 3x500m, viernes 33’ fuerte (para no congelarme por una fuerte granizada que me pilló), domingo 1:20 a ritmo tranquilo carrera con cuestas “Balmaseda – Zalla – Balmaseda".
Tercera semana: esta semana tengo previsto un masaje el lunes, martes 30’ suaves, jueves y viernes 30’ suaves por Lanzarote, y sábado maratón a ritmo no exigente.

viernes, 1 de diciembre de 2017

No mata la bala, mata la velocidad

Me viene hoy a la cabeza este dicho del mundillo ciclista de que no mata la bala, sino que mata la velocidad. Si alguien me tira con la mano una bala me puede hacer daño si me da fuerte en un ojo, pero si me la arroja con una pistola me puede matar.
Corriendo despacio podremos correr tan lejos como Forrest Gump.

Y es una frase que tiene todo el sentido si hablamos de deportes de resistencia, como el ciclismo o el atletismo de fondo. En un Tour de Francia o en una Vuelta a España, por ejemplo, por muy dura que sea una etapa sobre el papel, con multitud de puertos encadenados y con un desnivel positivo acumulado considerable, si los ciclistas deciden tomársela con calma nunca va a ser una carrera exigente. Sin embargo, una etapa corta y llana disputada a mil por hora y con continuos ataques resultará extenuante.
En el running pasa lo mismo. Podemos hacer un rodaje de diez kilómetros tranquilos, de charla con los amigos, y nos resultará un paseo suave. Sin embargo, si corremos un 10k intentando batir nuestra MMP llegaremos a la meta al límite de nuestras fuerzas.
En italiano se dice, y con mucha razón, que “chi va piano va sano e va lontano”. Esto es, si vamos despacio llegaremos lejos.
Viene esto a cuento porque las carreras de fondo, sobre todo ya de medio maratón en adelante, normalmente nos dan mucho respeto (o miedo directamente, para qué engañarnos). Por supuesto, hacemos bien en no perderles el respeto. No podemos enfrentarnos a una carrera de este tipo sin habernos preparado. Pero, cualquiera se dará cuenta de que no es lo mismo correr un maratón a ritmo moderado, simplemente buscando llegar a la meta enteros, que correrlo buscando nuestra MMP en la distancia.
Si estamos bien preparados, con mucho fondo, con nuestras reservas de glucógeno altas y comiendo y bebiendo de manera inteligente durante la prueba, corriendo a un ritmo moderado para nosotros es casi seguro que vamos a tener éxito en el maratón, entendiendo por éxito el terminarlo enteros y con buenas sensaciones.
Sin embargo, con esa misma preparación, si hasta la mitad de carrera vamos a un ritmo muy por encima de nuestras posibilidades es seguro que en algún momento antes de llegar a la meta vamos a reventar y tendremos que bajar mucho el ritmo o incluso caminar a ratos.
Es bueno no olvidar la frase de Manfred Steffny, maratoniano olímpico alemán: “El maratón es el arte de saber esperar”. Es cierto que un maratón es una carrera y como en cualquier carrera, normalmente de lo que se trata es de correr lo más rápido posible. Pero también es muy cierto en este caso ese sabio refrán que dice que las prisas nunca son buenas consejeras.

martes, 21 de noviembre de 2017

Maratón de Valencia 2017

Tras un par de meses preparando este nuevo maratón en Valencia, por fin llegó el tercer fin de semana de noviembre y me cité con la leyenda del maratón por décimo novena vez (por ahora).
Ésta es la foto que mejor resume este maratón: amistad, buen ambiente y paella.

Además, en esta ocasión, como ya ocurriera en Berlín’16, no iba solo, sino que un buen puñado de grandes personas del equipo Beer Runners Bilbao me iban a acompañar. Quiero pensar que el rollo que les meto muchas veces con los maratones ha ido arraigando en los corazones de varios de ellos hasta que les ha hecho animarse a experimentar en su propio cuerpo y mente qué hay de cierto en todo lo que rodea al mito del maratón. Pero sea por lo que sea, el caso es que del equipo nos animamos ¡17 personas! a enfrentarnos a los 42,2 km de Valencia, más algunas más que corrieron en la carrera de 10k. Todo un evento social para los Beer Runners Bilbao (como se está viendo en las redes sociales con decenas de fotos, de comentarios, de “me gustan”, de “kudos”, de “likes”,… En fin, que vamos a saturar los chats a tope, je, je.
Aparte de mí, algunos llegaban a Valencia con algún maratón en sus piernas, pero otros iban con el miedo normal a enfrentarse por primera vez a la distancia. Todos han entrenado duro y se han centrado en completar con éxito la aventura. Y me han dado mucha envidia al ver con qué ilusión han ido pasando las semanas, con sus kilómetros, sus tiradas largas, sus dudas, sus ilusiones, sus anhelos y sus sueños a punto de cumplirse. Y también me han dado mucha envidia al ver la felicidad en los rostros de la mayoría una vez pasado la línea de meta con todos (o casi todos) los objetivos cumplidos, o incluso al apreciar una cierta decepción en los rostros de algunos pocos por no culminar la carrera con el tiempo esperado. Esas sensaciones en un primer maratón (o en un segundo) son mucho más intensas que las que yo pueda tener tras casi veinte maratones completados (aunque me siga alegrando enormemente terminarlos), y las expresiones de sus caras, las casi lágrimas brotando, los abrazos compartidos, los comentarios en el Facebook y todas estas muestras de emociones a flor de piel me han llegado hondo. Yo no soy mucho de expresar sentimientos, pero que sepáis todos que me habéis emocionado, aunque no os lo haya dicho. Estoy terriblemente contento de haber podido veros disfrutar y sufrir.
Bueno, sigo con la crónica antes de que me ponga a llorar.
Todo el fin de semana ha sido mejor de lo que esperaba. Había mucho ambiente de maratón en Valencia, y el buen humor en el grupo ha sido constante. Hemos disfrutado de lo lindo. En la Feria del corredor se respiraba esa atmósfera que rodea a los grandes maratones internacionales. Por cierto, el sábado en la Feria me entrevistaron los de Maratón Radio sobre mi novela “42,2 Muerte en Central Park” (“he venido a hablar de mi libro”, ja, ja, ja).
Valencia tiene un maratón muy importante, de categoría oro, y se nota. Hay mucho corredor extranjero y mucha gente prepara este maratón de manera muy especial, ya que tiene un recorrido llano y de calles anchas que invita a correr rápido y a intentar mejorar marcas.
No era ése mi objetivo. No he llegado preparado para correr fuerte. He venido a correr bien, y lo he logrado. Mi intención era terminar sin mucha fatiga un poco por debajo de las 4 horas, y al final incluso fui más rápido que lo previsto con la sensación todo el maratón de no ir al límite.
La única pena que tengo es de no haber podido ayudar a algunos de mis compañeros a bajar de 4 horas. En especial en el caso de Iñakitxu (qué gran persona), al que le perdí la pista según íbamos al cajón de salida y no le vi hasta que llegó a meta, por lo que no pude ayudarle a ir con el ritmo adecuado. Creo que podía haber corrido cerca de las 4 horas, pero por esas razones que solo el maratón lo sabe, a partir del km 26 dejó de ir bien y se fue más allá de las 4 horas y media teniendo que caminar a tramos. Y me sabe mal por él, porque dentro de su particular personalidad de corredor, ha hecho las cosas más o menos bien en cuanto a los entrenamientos, y aunque ha terminado con éste cuatro maratones, él sigue sin considerarse maratoniano. Que sí, Iñaki, que lo eres.
También siento mucho que Gabi no haya podido bajar de las cuatro horas. Le pasó casi lo mismo que a Iñaki. Y eso que con Gabi fui los primeros 9 o 10 km y estaba corriendo bien, o esa impresión me dio. El resto del equipo más o menos terminó dentro de lo esperado, o no muy lejos del objetivo.
La salida
El único fallo en la organización que vi fue el caos que sufrimos, por lo menos donde estábamos nosotros, para entrar en el cajón gris. Estábamos una buena muchedumbre atascados, sin poder acceder al punto de acceso, y el cajón estaba bastante vacío. Al final la gente empezó a empujar y a levantar la valla y entramos de mala manera.
Ya cuando iban a dar la salida empezamos a caminar hacia la línea de salida y allí me di cuenta de que aún no había activado el Garmin para que me cogiera la señal del GPS. Y cuando mis amigos ya empezaban a correr, me tuve que quedar un minuto largo esperando hasta que por fin detectó la señal. Ya había salido todo el mundo de mi cajón, y estaba llegando a la línea de salida la marabunta del último cajón. Así que empecé a correr en solitario para ir cogiendo poco a poco a los últimos de mi cajón. Pero justo al pasar el arco de salida y pulsar el botón de inicio al Garmin, éste se apagó solo y comenzó a actualizarse. Como ya había pasado el arco, seguí corriendo y no pude empezar a grabar la carrera hasta que no llevaba ya más de 100 metros recorridos. Bueno, tampoco era grave la cosa.
Hice un primer km algo rápido y para el kilómetro 3 ya me había juntado con Gabi, Javi Arteche, Aitor y Vicente. Julen, Jon, Enrique, Bandolero y Juantxu ya iban por delante, pues iban más rápido que nosotros. De los demás no sabía nada porque en el caos de ir a la salida nos habíamos separado.
Seguimos tranquilos los cuatro juntos. En el km 6 o 7 nos pasó Txus, que venía del último cajón remontando. Iba rápido y nos dejó atrás con facilidad. Para antes del km 10 ya íbamos solo Aitor y yo, ya que el resto poco a poco se había ido quedando por detrás. Y enseguida también dejé de verle a Aitor y seguí yo solo del grupito que habíamos empezado juntos.
Ya en solitario mi objetivo era mantener un nivel de esfuerzo más o menos constante el mayor tiempo posible. Desde el km 5 empecé a tomar un gel con sales cada 5 km coincidiendo con cada avituallamiento para poder beber agua. Me fue muy bien esta estrategia en cuanto a alimentación y bebida ya que al terminar no tenía ni hambre.
Fueron pasando los kilómetros sin novedad, sin cambiar de ritmo y sin agobios. Veía que iba bien de pulsaciones, casi todo el rato en torno a las 138/140, y la potencia la mantenía entre 200 y 210 vatios. Todo controlado.
Pasé el Medio Maratón casi en 1:55. Mi plan era haberlo pasado más lento para cansarme lo menos posible teniendo en cuenta que en tres semanas me llega el Maratón de Lanzarote. Pero iba bien, notaba que el ritmo era bueno y no necesitaba ir más lento para no generarme fatiga. Así que mantuve el ritmo.
En el kilómetro 33 alcancé a Javi y a Nadia. No pensaba que les iba a coger, ya que habían salido antes que yo y su plan era tardar sobre las 3:50. Pero Nadia estaba sufriendo con las ampollas en los pies y habían empezado a tener problemas muy pronto. Les pregunté por Diana, que iba con ellos, y me dijeron que estaba algo por delante, que iba bien.
Me despedí de ellos y a partir de ahí empecé a correr más rápido, pero a la vez controlando para no pasarme de vueltas. Pensaba que no tardaría en alcanzar a Diana, pero esta chica es muy fuerte y no fue hasta casi el km 39 cuando la vi. Me junté con ella unos metros. Iba estupendamente y me dijo que siguiera para adelante. Como ya estábamos cerca de meta y vi que podía bajar de 3:50 le hice caso y apreté de nuevo.
Pero no sé si fue por este cambio de ritmo, o por un gesto raro que tuve que hacer para adelantar a un grupo, pero el caso es que me entró un repentino y agudo dolor de flato. Ya estaba cerca de meta y mi intención era correr toda la carrera sin detenerme ni un momento, así que, sufriendo y aguantando el dolor como pude, seguí hacia la meta más o menos acelerando un poco, lo que podía.
No veía el momento de pararme para aliviar el dolor. Hay mucha gente que tiene la suerte de no haber tenido nunca dolor de flato, porque realmente es muy molesto y es muy raro que se alivie sin parar a relajar los músculos del abdomen, pero quienes lo hemos conocido sabemos lo que fastidia.
Ya entré en el último kilómetro, y aunque el dolor había remitido un poco, seguía dando guerra y yo seguía luchando para no parar. Por fin ya empecé a pisar la alfombra azul de la preciosa meta que tiene el Maratón de Valencia y puse mi mejor cara para las fotos. Crucé la meta y me detuve para solucionar el maldito dolor.
Bueno. No me puedo quejar. No llegaba a este maratón en plena forma y salvo este problema del flato del final, solo tuve algunos pequeños dolores en las piernas, pero nada fuera de lo normal. Mi tiempo en meta fue de 3:49:58. Casi como en Berlín el año pasado, pero esta vez corriendo muy bien y con regularidad todo el rato. De hecho tardé casi lo mismo en el primer medio que en el segundo medio, y el parcial más rápido fue del 35 al 40. Según las estadísticas de la carrera, en los últimos 5 km pasé a 2.177 corredores y a mí solo me adelantaron 71.
A tres semanas de la carrera tuve un bajón importante en mi rendimiento, con una buena fatiga, pero el descanso de estas dos últimas semanas me ha venido muy bien. Lo mismo que hacer solo dos tiradas largas (26 y 30 km) que me han evitado un mayor cansancio y me han permitido llegar más o menos entero al maratón.
En meta estaban esperando Jon, Julen, Bandolero, Enrique y Juantxu. Poco después de llegar yo, entró Diana, y luego Javi, Nadia y Aitor, que también había tenido algunos problemas. Más tarde llegarían Arteche, Gabi, Vicente, Iñaki y Adrián. Algunos con mala cara. Txus había llegado bastante antes con un tiempazo de 3:21 en su primer maratón, y eso pese a tener que pararse por problemas en los abductores.
Una vez ya todos en meta y las fotos de rigor fuimos a dar buena cuenta de una excelente paella a un restaurante de la playa, junto a Amparo, nuestra guía local, Iraide, Amaya e Isa, que habían corrido el 10k.
En resumen, en lo personal muy satisfecho, un fin de semana genial, con buena gente, buenos amigos, una carrera de 10 y un ambiente increíble.
Ahora solo me queda recuperar bien para terminar la temporada en tres semanas con mi 20º maratón en Lanzarote.

Tiempos de paso:
Km
Tiempo
Ritmo
0-5 km
27:16
5:27
5-10 km
27:50
5:34
10-15 km
27:04
5:25
15-20 km
26:28
5:18
Primer medio
1:54:43
5:26
20-25 km
26:54
5:23
25-30 km
28:04
5:36
30-35 km
27:30
5:30
35-40 km
26:34
5:18
40-42,2 km
11:36
5:16
Segundo medio
1:55:15
5:27

Datos de potencia/pulso:
Potencia media/máxima: 210 w / 272 w
Pulsaciones medias/máxima: 142 ppm / 159 ppm
Hasta el km 33:
3:00 horas, pulso medio: 140 ppm, potencia media: 209 w.
Desde el km 33:
50 min, pulso medio: 151; potencia media: 214 w.


Comida precarrera.

A batir el récord.

Típica foto con camiseta y dorsal de la carrera.

Con los de Maratón Radio.

Antes de salir.

Con Nadia y Javi, antes de juntarnos con los demás.

Ya en el cajón, por fin.

Momento en el que Txus (con gafas) nos alcanzó.

Iñakitxu. Siempre sonriente.

Vicentón.

Arteche y Gabi, todavía con buena cara.

Iñakitxu haciendo vida social.

Aitor.

Juantxu con fuerzas.

Saludando a la capi de los Beer Runners Valencia, Mónica (gracias por las fotos).

Julen y Bandolero. Maravilloso.

Enrique.

Jon Speedy, el capi.

Aquí estoy cruzando la meta.


Volando sobre la alfombra azul.

Feliz.

En la meta, con parte del equipo.

Otra medallita más.

Relax en la playa del Saler, antes de coger el avión de regreso.