miércoles, 3 de noviembre de 2021

Bilbao Night Marathon. Crónica de una muerte anunciada

¿Cómo pudo pasar que Santiago Nasar no se enterara de que Pablo y Pedro Vicario lo iban a matar si lo sabía todo el pueblo? Lo mismo que Gabo García Márquez trataba de explicar en su Crónica, he de hacerlo yo. ¿Cómo es posible que tomara la salida en el Bilbao Night Marathon sabiendo que era casi imposible que lo terminara?

Corriendo solo por el Puente de Deusto en la segunda vuelta hacia un destino inexorable. Mi cara lo dice todo.

Milagros en Lourdes, y aun así...

Todo este año deportivo me está saliendo peor que bien. Dos duatlones en abril y mayo (Oñati y Zuia) se saldaron con sendos DNF, que bien podía significar "Defenestrado" pero significa "Did not finish", o sea, que me retiré en ambos. Luego vino la BUTS Vitoria Pamplona, donde tampoco terminé (aunque eso estaba previsto de antes). Tampoco pude hacer completa la ruta en bici por el Canal de Castilla en julio.

Ya en septiembre pude terminar con buenas sensaciones la única carrera en la que he estado a gusto en todo el año, el Jungfrau Marathon, aunque la primera parte me costó más de lo esperado. En octubre, en el WOP Challenge me encontré fatal y terminé completamente agotado.

Así que, como al Bilbao Night Marathon me había inscrito casi sin ganas (al cancelarse el viaje a Washington al 50k, lo que me trastocó todos los planes) pues, la verdad es que mi intención era salir, correr muy despacio y ver hasta dónde llegaba. Motivación para la carrera: cero patatero, casi la misma que para escribir sobre ello, por eso he tardado tanto. Aunque hay que estar a las duras y a las maduras, así que me he decidido a escribir esto para que no parezca que solo escribo cuando me sale todo bien.

A esta carrera solo me he inscrito unas pocas veces para hacer el Medio Maratón. Siempre me ha coincidido con la planificación para otros maratones más interesantes para mí. No me motiva mucho correr este maratón, porque es por la tarde/noche, cuando me cuesta más correr; se dan mil vueltas por los mismos sitios que me conozco de memoria; una vez terminado el medio maratón casi no quedan corredores ni público para los que corremos lento;... En fin. Que no es una carrera que me atraiga nada.

Este año me apunté tarde, como he dicho, al verse truncado el objetivo de regresar al 50k del Marine Corps Marathon, una carrera preciosa.

Bueno. Con algunos entrenamientos de unos 20 km tras el WOP Challenge, llegó el día de la carrera. Se adelantó la hora de salida a las 18:00 (el fútbol manda en este país nuestro), y salimos al calor del sol junto al estadio de San Mamés, al lado de mi casa. Era curioso salir a pleno sol en un maratón "nocturno". Sería el sol de medianoche, como cuado estuve en las Islas Svalbard, je, je.

Poco antes de salir, a pleno sol nocturno.

Como me pasó la única vez que he corrido un maratón por la noche, en Burdeos en 2015, tuve todo el rato pesadez de estómago, hinchazón y gases. Muy incómodo para correr, y más un maratón. En Burdeos lo pude superar porque estaba más en forma, el recorrido era muy bonito y variado y estaba muy motivado. Pero aquí me faltaban todas esas variables.

Hasta el km 15 aguanté más o menos bien. Hasta el km 10 fui con Iratxe, una compañera Beer Runner que lleva tiempo sin correr y que ha vuelto con ganas, y cerca, más o menos, de otros compañeros: Gizela, Alejo, Sandra, Vero, Brooke, César, Joseba, Luis y algún otro que no recuerdo. Sandra y Vero iban de liebres de 2 horas del Medio Maratón, así que procuré no seguirlas, pues quería ir más lento.

Primeros kilómetros. El gesto del rostro no indica nada bueno.

Desde el km 15, además de que cada vez estaba peor de tripas, me empezaron a molestar los abductores. Primero el derecho, y luego los dos. Entre las molestias, los dolores, el aburrimiento del recorrido, vuelta para aquí, vuelta para allá, otra vez vuelta para aquí, otra vez vuelta para allá,... total, que no hacía más que pensar el rollo que me esperaba en la segunda mitad, con el mismo recorrido y ya sin público ni compañeros de asfalto.

Con bastante malestar, pasé por la meta en el medio maratón en casi 2 horas y cuarto. El público nos gritaba un poco antes de llegar: "Venga, 300 metros y ya está", lo cual no me daba ningún ánimo cuando en realidad me quedaban 21 km y medio. Pero bueno. La gente lo hacía con toda su buena voluntad. Gracias.

Al de poco de empezar la segunda vuelta, ya casi solo, me paré a estirar un poco los abductores y casi me da un tirón en el isquio. Seguí como pude y cuando vi a mi mujer en el km 23 le dije que iba mal y que casi seguro me iba a retirar.

En el Puente de Deusto me dije "Hasta aquí he llegado, para qué seguir sufriendo" y me paré. Me di la vuelta, pero me dio no sé qué retirarme. Nunca me he retirado en 31 maratones. Así que retomé la marcha y me interné en Deusto. Pero la realidad se impuso poco más adelante y en el km 26 paré el reloj, llamé a mi mujer y empecé a caminar hacia casa. Es la ventaja de correr en tu ciudad.

En fin. Que la realidad se impuso. No estaba muy entrenado (aunque sin problemas físicos sí que hubiese podido acabar), no estaba nada motivado, a esas horas no rindo bien y el recorrido es mortalmente aburrido para los de Bilbao. La muerte estaba anunciada y no sé por qué decidí ir a su encuentro.

Mi próxima carrera es el 14 de noviembre en el maratón de Atenas. Allí voy con gran motivación y los entrenamientos del fin de semana pasado han sido buenos, así que espero sumar allí un maratón más. ¿Uno más? No, el auténtico, como se publicita este maratón por la historia de su recorrido y porque fue el maratón de los primeros Juegos Olímpicos de la era moderna.




No hay comentarios:

Publicar un comentario