miércoles, 5 de julio de 2017

Zermatt Ultramarathon: una carrera, un viaje, una aventura

Se acabó la primera parte de la temporada. Desde enero he cumplido todos los objetivos que me había marcado, incluso uno más que surgió sobre la marcha (el Beer Lovers’ Marathon). La idea era enfocar este primer semestre para llegar lo mejor posible al ultra del Zermatt Marathon.
La meta del Maratón. Una meta preciosa (cuando se ve el Cervino).

Para ello me preparé un plan de entrenamientos y de carreras preparatorias en el que el objetivo era acumular bastantes horas de entrenamientos, tanto en asfalto como en monte. Además, como carreras intermedias incluí (entre otras) la carrera de montaña Apuko Mendi Lasterketa (23 km) en febrero, en abril el Maratón de Madrid, la Azkoitia Azpeitia y la Wings for life de Valencia. Sobre la marcha incluí también otra carrera de montaña, la de Gernika de la Urdaibai Kopa (18 km), y otro maratón, el Beer Lovers’ Marathon en Lieja (Bélgica) un mes antes de ir a Zermatt.
Todo iba según lo previsto hasta tres semanas antes de la gran cita de Zermatt. Tal vez no descansé lo suficiente tras el Maratón de Lieja, pero el caso es que a falta de tres semanas para la carrera suiza empecé a tener bastantes problemas tanto físicos como anímicos. Por un lado caminando por el Gorbea me hice un pequeño esguince en el tobillo (que por suerte se curó con unos días de descanso). Además, pillé un constipado bastante fuerte que me dejó unos diez días con flemas y catarro. También coincidió con días de mucho calor y con una serie de problemas personales por lo que las dos semanas previas a ir a Zermatt no he dormido bien ningún día, despertándome a media noche y levantándome por las mañanas sin haber descansado.
Así que fui a Suiza con muchísimas dudas de si el cuerpo me iba a aguantar en una carrera larga y exigente después de tantos días malos.

Jueves: un viaje complicado
Si no conocéis Zermatt hay tres cosas que debéis saber: a) es un pueblo precioso, casi de postal; b) es un pueblo muy caro dentro de un país caro; y c) está en el quinto pino.
Llegar a Zermatt no es fácil. Desde Bilbao tuve que coger dos aviones para llegar a Ginebra vía Barcelona. Además, el vuelo de Barcelona a Ginebra salió con más de media hora de retraso por tormentas en Francia. Al llegar al aeropuerto de Ginebra me tardaron más de lo que pensaba en entregarme el coche que tenía alquilado. El viaje de Ginebra a Tasch (último pueblo al que puedes acceder en coche antes de Zermatt) en teoría era de algo más de dos horas y media, pero por mor de la lluvia que caía, de un atasco monumental en la autopista por obras (45 minutos de retraso) y de un accidente en la carretera que ya sube hacia el valle donde está Zermatt (otros 30 minutos de retraso), al final llegué a Tasch hacia las doce de la noche, cuando yo había calculado que iba a llegar sobre las nueve de la noche. Menos mal que había comprado unos sándwiches en una gasolinera en la autopista.
En Tasch tienes que dejar aparcado el coche (pagando) y coger el tren hasta Zermatt. Normalmente hay un tren cada veinte minutos más o menos, pero por la noche solo hay uno cada hora, así que tuve que esperar casi 40 minutos hasta el siguiente tren.
Ya en Zermatt tenía que ir a las oficinas de la empresa en la que había alquilado un apartamento para recoger en un buzón la llave y las indicaciones de cómo llegar al apartamento. De día puede que las indicaciones fueran claras, pero al final tardé un montón de tiempo subiendo y bajando por varias escaleras (en Zermatt todo son cuestas) hasta que por fin encontré el dichoso apartamento.
Total que para cuando entré por la puerta eran ya la una y diez de la madrugada, casi seis horas después de haber arrancado el coche en el aeropuerto. Agotado.

Viernes previo a la carrera
Hubiese deseado dormir más, pero para las seis y media de la mañana ya estaba despierto y seguía cansado. Por fin, bajé a la oficina de los apartamentos para pagar los extras de limpieza y varios (no sé por qué no lo cobran todo junto si son extras obligatorios) y luego me tomé un café y un bollo para desayunar. Luego cogí el tren para bajar a Tasch y con el coche bajé hasta Sankt Niklaus, donde entregaban los dorsales. El Cervino se veía precioso, pero luego se cubrió y no lo volví a ver hasta el domingo por la tarde.
Tras recoger el dorsal y comprar una gorra de la carrera, cogí el coche para regresar a Zermatt. Al desaparcar tuve un pequeño accidente con otro coche, sin consecuencias (pensaba yo).
Comí temprano unos espaguetis y a la una y media fui al entrenamiento de reconocimiento que habían organizado los de la carrera. Subimos en un tren hasta Sunnegga, una de las estaciones de montaña por las que pasa el recorrido, y luego corrimos suave por allí una horita hasta otra estación, Grunsee. Mientras corría recibí una llamada de la policía de Suiza para pedirme unos datos del coche, por lo que tuve que ir lo antes posible a la comisaría de Zermatt por la tontería del golpe. Luego me llamaron también de la empresa de alquiler del coche. Total, que entre que no había dormido bien, la carrerita y los quebraderos de cabeza de los trámites burocráticos por el incidente, no pude descansar lo que pretendía esa tarde y al final cené algo casi sin ganas y me fui pronto a la cama, ya que el sábado tenía que levantarme a las cinco y media.
En ese momento pensé que terminar el ultra era imposible, y casi dudaba de si tomar siquiera la salida el sábado, ya que no tenía el cuerpo para nada. Mis sensaciones eran muy malas y mi ánimo estaba muy bajo.

La carrera
Por la noche por lo menos dormí bien hasta la cinco y media. Desayuné, terminé de prepararme y bajé a la estación para coger el tren que nos bajaba hasta la salida en Sankt Niklaus. Allí dejé la bolsa que nos llevaban a la zona de la meta del maratón, tomé un café y me fui a la salida. Tenía muchas dudas de poder terminar.
A la hora prevista empezaron a dar las sucesivas salidas (corredores elite, maratón, medio maratón, etc.). Nosotros salimos a las 8:38. Como la mañana era fresca y el día estaba cubierto (y además la previsión de temperatura en la zona de meta era de máximas de unos 3ºC) salí con una chaqueta encima de la camiseta y llevé la mochila con ropa para poder abrigarme sobre la marcha (manguitos, guantes, otra camiseta térmica, mallas largas, etc.).
Los primeros 24 km son la parte “fácil” del recorrido, ya que en ese tramo solo subes unos 600 metros de desnivel. Vas alternando pistas con algún tramo de asfalto y algún camino de monte. Hay algunas zonas llanas y otras zonas con pendiente considerable. Como el día era muy largo, en las zonas más duras decidí ir caminando para llevar un nivel de esfuerzo que no me penalizara después.
Al de poco de salir me di cuenta de que no llevaba bien enganchado el sensor del pulso en la banda del pecho. Lo puse bien pero el pulso seguía marcando mal, con pulsaciones altísimas imposible para mí (de más de 170 ppm). Al final, en el km 14 lo solucioné al parar el Garmin y vincularlo con el sensor del pecho, ya que lo que me estaba marcando era el pulso en la muñeca, que ya tengo comprobado que a mí no me funciona. A partir de ahí ya tenía una lectura correcta del pulso, en torno a las 130 ppm (algo por debajo de mi umbral) que sé que lo podía mantener todo el día y no las 170 ppm que me estaba marcando todo el rato.
Poco a poco seguí avanzando hasta llegar a Zermatt, donde dábamos una vuelta tras pasar por el Medio Maratón y donde ya, en el km 24, empezaba lo duro. Antes de afrontar la parte dura me detuve unos minutos en uno de los avituallamientos (abundantes y muy completos) para descansar un poco porque no me sentía con buenas sensaciones desde la salida. Pasé el Medio Maratón en 2:32. Tenía margen para llegar a la meta en el tiempo máximo (8:15 horas), pero no tenía el cuerpo para ello.
El recorrido me recordaba un poco la aventura de Killian Jornet en el Everest. Él hizo una aproximación hasta el campo base avanzado para luego, tras un descanso, afrontar la ascensión hasta la cima. Nosotros teníamos nuestra aproximación desde la salida hasta Zermatt para iniciar allí una subida muy fuerte también. Lo de él un poco más duro, es verdad, je, je.
Por fin me decidí a seguir. Desde el pueblo empezaba una pista de subida desde el km 24 hasta el 30 sin ningún descanso. Allí íbamos todos caminando en silencio, cada uno sumido en sus propias sensaciones y pensamientos. Calculando qué ritmo poner y si sería suficiente para pasar los cortes de tiempo que nos quedaban en algunos puntos intermedios. Íbamos en grupo pero íbamos solos. Aquí nadie te puede ayudar. Miras al suelo, miras para arriba y sigues. No queda otra opción.
Por fin en el km 30 ya venía un kilómetro mucho más suave y podíamos correr algo. En el km 31 llegábamos a la estación de Sunnegga. Desde allí, por la zona que ya conocía del viernes, venía una zona de unos 8 km de subidas y bajadas en las que podías correr hasta llegar a la estación de Riffelalp, que es el km 39 de la carrera.
A partir de ahí el recorrido es bestial. En 6,5 km subes unos 900 metros de desnivel sin apenas descanso. Miras para arriba y ves la zona de la meta del Maratón y parece que está a un paso, pero son tres kilómetros de una pista muy empinada. Ya empezaba a hacer cálculos y veía que, si las fuerzas me seguían aguantando, estaba en tiempo de terminar el Ultra, pero también empezaba a pensar que no sería mala idea el terminar la carrera en la meta del Maratón, en Riffelberg. Visto cómo había llegado hasta allí ya era un logro.
Llegando ya a la zona de Riffelberg alcancé a dos chicas españolas que había visto en la salida. Ellas ya habían renunciado al Ultra y se iban a quedar en Riffelberg. Me animaron para seguir hasta la meta de Ultra en Gornergrat. Yo todavía dudaba.
Al llegar al desvío del km 41,5, podía ir a la izquierda y bajar hasta la meta del Maratón, o podía seguir hacia la derecha y afrontar los últimos casi 4 km con sus 500 metros de desnivel finales. Llevaba unas 6:30 horas y tenía margen para llegar. Unas chicas del avituallamiento me dijeron que como máximo me quedaba una hora. Les hice caso y tiré para arriba. No estaba muy bien pero sabía que si no lo hacía me iba a arrepentir después. No había llegado hasta allí para no terminar lo que había empezado y lo que llevaba esperando tantos meses.
Qué os puedo decir de esta parte final. Los datos lo dicen todo: 3,8 km y 500 metros de subida. Salvo alguna pequeña bajada, todo era una subida muy fuerte, y la parte más empinada justo es el final que te deja en la estación de Gornergrat, a casi 3.100 metros de altitud.
Las chicas tenían razón. Tardé casi una hora exacta en ese último tramo. Mi tiempo oficial en meta fue de 7:27:51 horas, a 9:52 min/km de media con 35 minutos de paradas en total. Por fin podía descansar. Estaba contento y satisfecho de mí mismo. Pese a todas las dudas y todos los problemas lo conseguí. Ya era Finisher del Ultra del Zermatt Marathon. Todos los objetivos de esta primera parte de la temporada completados.
Arriba recibí mi medalla, mi camiseta de finisher y me abrigué bien con la ropa que llevaba en la mochila, ya que nada más llegar a la meta empezaba a nevar un poco. Después de sacar unas fotos y ver un poco el paisaje (lástima del cielo cubierto y no poder ver el Cervino en todo el día), bajé al tren que nos llevaba de vuelta a Zermatt, tras recoger la bolsa en Riffelberg.
Ya en el pueblo me tomé una rica cerveza y subí (más cuestas) al apartamento a ducharme y descansar un poco antes de bajar a cenar. Estaba cansado, pero de piernas estaba muy bien. Apenas algo cargados los gemelos de tanto subir.
El domingo descansé mejor y subí en tren a Gornergrat a sacar fotos y admirar el paisaje. Es impresionante. Luego el lunes aproveché el viaje a Ginebra para pasar por Chamonix a ver el Montblanc.
Y así acaba esta aventurilla del viaje al Zermatt Marathon. Enhorabuena si habéis leído todo hasta aquí.
Ahora me toca descansar bien. Luego, después del verano vendrán los retos de la segunda parte del año: Trail Gorbea Suzien en octubre, Maratón de Valencia en noviembre y el de Lanzarote en diciembre.
Esto no se acaba.

Algunos datos
Tiempo oficial: 7:27:51 horas, a 9:52 min/km.
Tiempo en movimiento: 6:52:19, a 9:06 min/km.
Tiempo del ganador del ultra (hombres): 4:02 (ritmo medio 5:19).
Tiempo de la ganadora del ultra (mujeres): 4:40.
Tiempo del ganador de mi categoría M50: 4:27.
Mi tiempo en el Medio Maratón: 2:32
Tiempo del ganador en el Medio Maratón: 1:27
Mi tiempo desde el km 39 a la meta: 1:54.
Tiempo del ganador desde el km 39 a la meta: 1:04.
Puesto de mi categoría: 71 de 84.
Puesto en la general: 499 de 556 finishers.

No hagáis caso de las pulsaciones hasta el km 14.

Día previo a la carrera. Nevando.


La salida.

¿Llegaré a la meta?

Km 23. Descansando un poco con mala cara. Y me queda lo peor.





Por fin en la meta. Satisfecho y feliz.


El viernes por la mañana hubo unas horas con el Cervino despejado.

Km 40.

Del km 39 al 40.

Km 44.

La rampa del final. Brutal.







Escaleras en el km 44,5.




Zermatt.

El Montblanc desde Chamonix.






lunes, 19 de junio de 2017

Mi novela "42,2 Muerte en Central Park" gratis esta semana

Hoy en el blog "Lectora de tot" han publicado una entrevista que me hicieron en relación a mi novela del Maratón de NY "42,2 Muerte en Central Park".
Podéis leer la entrevista aquí.
Con este motivo, durante esta semana, del 19 al 23 de junio, os podréis descargar gratis mi novela para ebook en Amazon desde este enlace.
Espero que aprovechéis la ocasión si aún no habéis tenido la oportunidad de leer la novela. Lo único que os pido es que si la leéis después la valoréis en Amazon.

lunes, 5 de junio de 2017

Beer Lovers' Marathon: un maratón diferente

Seguramente muchos habréis oído hablar del Maraton du Médoc, ese famoso maratón que se organiza en Francia, en la Gironde, a primeros de septiembre, y que se corre por Chateaux y viñedos con degustación de vinos y productos de la tierra durante el recorrido.
Pues bien. Unos belgas fueron allí en 2012 y quedaron tan encantados que empezaron a pensar en por qué no organizar un maratón similar en Bélgica. La cosa quedó ahí, en una idea, hasta que en 2014, cuando fueron a correr el Maratón de Berlín, se encontraron por casualidad con la mujer de uno de los organizadores de Médoc y... el resto es historia.
En 2016 tuvo lugar la primera edición del Beer Lovers' Marathon en Lieja, Bélgica, con el mismo espíritu festivo del Marathon du Médoc. Y como Bélgica es el país cervecero por excelencia, pues uno de los motivos de este maratón, como su nombre indica, es el de rendir homenaje a la cerveza belga. Así, a lo largo de los numerosos avituallamientos los participantes pueden degustar 16 tipos de cervezas belgas diferentes, acompañadas de productos de la tierra y de un ambiente inmejorable.
Bueren Stairs. El punto más importante de la carrera. (km 5).

¿Y qué hace el capitán de los Beer Runners de Bilbao cuando se entera un miércoles de marzo a las dos de la tarde de la existencia de este maratón? Exacto. Para las tres y media de la tarde ya tenía la inscripción hecha y el vuelo reservado. Si ya lo dice Chema Martínez: no pienses, corre.
Así que este fin de semana lo he pasado en Lieja, y ha sido un viaje muy bonito. Me ha gustado la ciudad y me ha gustado mucho el maratón, sobre todo el ambiente y el recorrido. ¡Ojo! Si alguien quiere hacer este maratón para correr rápido que no vaya. Primero, porque no es un maratón para eso, es un maratón para disfrutarlo. Y segundo, porque el recorrido, sobre todo la primera mitad, es muy duro, con cuestas, escaleras, senderos de monte, calles empedradas, giros complicados, etc. Es como una ginkana.
Muchos de los participantes corren disfrazados, ya que, siguiendo el espíritu de Médoc, cada año hay un tema y la gente se disfraza. Este año el tema ha sido "Frutas y verduras".
Yo soy un tío serio y no me disfracé. Además, como hizo calor, no quiero ni pensar en la sudada que se metía la gente debajo de algunos disfraces. Menos mal que había cerveza, je, je.
Tras la salida, mi plan era tomarme con calma los primeros kilómetros hasta el km 5, donde se suben las Bueren Stairs y donde empieza la zona de cuestas del circuito.
Ya me sorprendió el primer avituallamiento en el km 2, ya que ponía "Desayuno" y daban croisants. Me parto.
Ya íbamos llegando a las escaleras de la montaña de Bueren, que las había reconocido el sábado, pero antes nos dieron una vuelta por una calle donde había otras escaleras de aperitivo seguidas de una calle empinada de adoquines. Ya la cosa se ponía bien.
Tras una bajada y un llanito llegamos por fin a las famosas Bueren Stairs, que son toda una atracción turística en Lieja y en Bélgica. La verdad es que es una calle muy bonita. Justo debajo teníamos el primer avituallamiento con cerveza y música de ambiente. En todos los puestos de degustación, perdón, de avituallamiento, había música. El ambiente de la carrera es inmejorable, la verdad.
Tras unos minutos de degustación y unas fotos tiré para arriba. Subirlas corriendo tiene que ser un calentón total, pues son 374 escalones, pero como las subes andando y sacando fotos pues no son para tanto.
Tras las escaleras no hay descanso, pues terminan en una calle empedrada que sigue subiendo y que te dejan al pie de más escaleras que suben a un monumento junto a un bonito mirador a la ciudad. En el reglamento te recomiendan pararte a ver el paisaje, así que eso hice.
A partir de aquí, y hasta el km 18, más o menos, viene la parte más dura del recorrido. Toda esta zona se corre por la montaña de Bueren, con mucho sube y baja, con varios tramos de senderos, como en un trail, con mucho adoquín y giros complicados entre casas, y por patios de casas, bajada de escaleras, y todas las trampas que os podáis imaginar. Muy divertido.
Calculo que haríamos unos 3 km de tramos de trail, y tal vez unos 15 kilómetros de tramos de adoquín entre todo el circuito. Me recordaba mucho a correr una clásica belga de ciclismo. Me encantó.
Ya hacia el km 18 estábamos corriendo junto al río Mosa, el que atraviesa la ciudad. Primero en una dirección y luego en otra, pero con muchos desvíos para entrar en islas pequeñas (algunas con más escaleras), o para pasar por algunas callejuelas pintorescas, o para subir a un barco a tomar una cerveza antes de seguir (no os riáis que es la verdad, mirad el vídeo más abajo).
Como hacía viento, hubo bastantes kilómetros junto al río con viento de cara, pero sin más problema. Como hacía calorcito el viento venía hasta bien.
En esta segunda parte paré menos veces. Sí en los avituallamientos, para beber agua, tomar mis geles, y degustar algún trago de cerveza, pero no paré tanto a hacer fotos como en la primera parte, la de las cuestas, que me sorprendió más.
En los últimos kilómetros había que ir atento a las flechas azules que marcaban el recorrido, ya que en algunos desvíos no había gente y como en algunos cruces ibas y venía por el mismo carril si te despistabas podías confundirte de dirección y atajar sin querer. De todas formas, en general, era fácil seguir la ruta con las flechas y con los voluntarios de la organización.
Finalmente llegué a la meta en un tiempo de 4 horas y 20 minutos (sumando unos 25 minutos de paradas). Mi Garmin me marcó 41,5 km, y como el GPS siempre marca algo más que la realidad, calculo que el recorrido era de 41 km. Es un maratón que no está homologado (ni falta que le hace) y entre tanto giro y sendero es fácil que haya ese error en la medición. Pero es igual. Es un maratón duro.
En fin. Que he terminado encantado de la carrera y de Lieja. Un sitio estupendo para correr mi 18º maratón. Espero volver algún otro año y que mis compis de los Beer Runners se animen. Creo que es un maratón hecho para nosotros.
Como dato de lo tranquila que es esta carrera os diré que con mi tiempo he hecho el puesto 93 de 956 finishers. Solo hay 18 retirados y más de 260 corredores hicieron un tiempo de entre 6:30 y 7:20, por encima del supuesto cierre de control de 6:30 horas. El ganador hizo 2:51 y el segundo terminó en 3:10.
Por cierto, hoy lunes no tengo ningún dolor de piernas, ni rastro de agujetas. Ayer fue el primer maratón que corro con mis nuevas Saucony Freedom y es como correr sin zapatillas. Terminé sin ningún dolor en los dedos ni ampollas ni nada.
Y por cierto, mi objetivo de hacer un buen entreno de fondo con cuestas para el Ultra de Zermatt totalmente cumplido con creces.



La Ópera de Lieja.

Reconocimiento del sábado.




La salida.

Km 2: Desayuno.











Buena comida para terminar.


Detalle de la medalla: es un abridor de cerveza.




sábado, 27 de mayo de 2017

Listo para un nuevo maratón: Lieja

A falta de ocho días para el Beer Lovers' Marathon, mi 18º maratón (2º del año), creo que la cosa va bien. Mi objetivo es solo terminarlo y disfrutarlo, además de sumar una buena tirada larga con cuestas para mi siguiente objetivo (y principal del 2017): el Ultra del Zermatt Marathon, en Suiza el 1 de julio.
Como veis en el perfil que os pongo más abjo, este maratón belga es muy complicado, teniendo en cuenta que es un maratón de asfalto.
En el km 8 se suben las famosas escaleras Bueren Stairs, que son 374 escalones que suben una calle larga y empinada y en la que asciendes casi 200 metros de desnivel. Y luego, tras superar esta pared, tenemos otros 3 km por la Rue des Cotillages, con otro desnivel de 200 metros. Luego ya vamos bajando y desde el km 17 hasta meta ya es llano. Habrá que elegir muy bien el esfuerzo en ese tramo para no pagarlo al final.

Bueren Stairs

Desde el 1 de enero, que es cuando empecé a entrenar más en serio en este año, he corrido 1.182 km en 97 días de entrenamiento. En total han sido unas 114 horas de entrenamiento, a una media semanal de 55 km. De este total de kilómetros, 150 han sido de trail, en 8 sesiones, incluyendo dos carreras.
En siete semanas he sumado más de 60 km, con tres por encima de los 70. La semana que más km he hecho han sido 79 km.
Por meses la cosa queda así:
  • Enero - 253 km
  • Febrero - 226 km
  • Marzo - 264 km
  • Abril - 222 km
  • Mayo - 217 km (hasta hoy)

En cuanto a las tiradas largas, he hecho 5 por encima de los 25 km: una de 25, otra de 26, una de 29 (la Wings for life) y otra de 31,5 km. Además, corrí el Maratón de Madrid en abril.

Bueno. No está mal. Me encuentro bastante bien. Como mi objetivo no es correr a ritmo de MMP, creo que estoy bien de fondo para acabar en Lieja en condiciones como para llegar a Zermatt con fuerzas para completar el ultra dentro del tiempo máximo que nos dan (8 horas para 46 km casi todo en cuesta arriba hasta pasar los 3.000 metros de altitud).
Lo veremos. Ya os iré contando.

lunes, 8 de mayo de 2017

Wings for Life World Run Valencia 2017

Por segundo año consecutivo he participado en esta especial y emotiva carrera benéfica. Esta vez lo he vuelto a hacer con el equipo que creé el año pasado en recuerdo de mi gran amigo Felix, aunque con la diferencia de que este año no he movido mucho el tema entre mis amigos para que se apuntaran aunque fuera para correr virtualmente desde casa. Aún así, se inscribieron seis amigos al equipo y cuatro, Sandra, Esther, Verónica y yo, hemos estado en Valencia representando a todos.
Desde el punto de vista personal la edición de este año ha sido diferente, ya que el año pasado fue muy emotiva al estar cercano aún el fallecimiento de Felix, y además corrieron conmigo en Valencia su viuda Elena, su hijo Xabier y su cuñada Ebe. Este año ha sido menos intenso el sentimiento, aunque he corrido con Felix en el pensamiento, por supuesto.
El equipo tras la carrera.

Por otra parte, el buen tiempo y el hecho de estar en Valencia con parte del equipo Beer Runners Bilbao, ha hecho que haya disfrutado mucho del tiempo que hemos pasado allí. He vuelto a ver a algunos amigos del año pasado y, la verdad, ha sido un fin de semana corto (llegué el sábado por la noche) pero intenso.
Si miro al apartado meramente deportivo, ha sido una carrera muy buena la que me ha salido. Creía que iba a hacer bastantes menos kilómetros que el año pasado, cuando alcancé casi los 27 y me empleé a tope en los últimos kilómetros. Este año me ha coincidido esta carrera tres semanas después del Maratón de Madrid, y a cuatro del Maratón de Lieja, con lo que creía que estaría todavía cansado y además no tenía intención de exprimirme al máximo para llegar fresco a Lieja.
Así que mi intención era llegar a los 20 o 21 km. Y con esa idea empecé a correr. Además, al haber llegado a Valencia a última hora de la noche, y haberme tomado un hidratante gintonic con mis compis, la verdad es que no dormí mucho.
El primer kilómetro me lo tomé con calma y fui un rato con mis amigas. Luego paré detrás de un árbol (tanto beber antes de la carrera se nota) y después ya empecé a mantener un ritmo constante no demasiado fuerte.
Sin embargo, a medida que iban pasando los kilómetros me iba encontrando cada vez mejor, algo usual en mí. Tengo muy comprobado que yo corro mucho mejor con calor, y ayer la temperatura en Valencia al mediodía (la carrera empieza a las 13:00) era superior a los 25ºC.
Y cuando llegué a los 20 kilómetros, tras tomarme un gel y glucosa en los kilómetros anteriores, como aún veía que el catcher car iba a tardar en atraparme, decidí que iba a vender cara mi piel. No me puse a tope, pero sí que mantuve una buena velocidad, marcando todo el rato parciales de algo menos de 5 min/km.
Haciendo un pequeño cálculo veía que si no llegaba a los 27 km cerca iba a andar. Algún momento hasta apreté un poco más, pero no quería cansarme demasiado así que preferí mantener el ritmo.
Hacia el km 25 una de las bicis que nos pasaban me comentó que el catcher car estaba como a un kilómetro por detrás, por lo que me iba a atrapar hacia el 27.
Pero de repente vi que algo no iba bien. Llevaba ya un tiempo sin ver ningún cartel con el km en el que íbamos, y al salir de un tramo de autovía por donde íbamos por el arcén bastantes corredores, teníamos un giro muy raro y nos juntábamos con otros corredores que venían de otro lado. Lo comenté con un compañero y me dijo que creía que nos habíamos confundido en la ruta, cosa que lo comprobé enseguida pues pasamos junto al cartel de km 30 cuando según mi reloj llevábamos algo menos de 27 km.
Como me estaban grabando para un reportaje para Eurosport, y sabía que querían tomar planos del momento de cuando el catcher car me alcanzara, decidí pararme, pues pensaba que la furgoneta del equipo de producción, que me había pasado en el km 20 más o menos, iba por detrás. Les llamé por teléfono para situarnos y les dije que estaba un poco más adelante que el km 30. Les comenté que seguía despacio para que me alcanzaran. Retomé la carrera a ritmo suave, pero tardaban demasiado en cogerme. Así que me paré de nuevo y fui caminando medio kilómetro en sentido contrario a la carrera. Me extrañaba que no hubieran llegado y les llamé de nuevo. Resulta que estaban más allá del km 31, así que empecé a correr de nuevo, esta vez más rápido no fuera que el catcher car me pillara antes de llegar allí.
Finalmente les alcancé y cuando me cogió el catcher car pasado el km 32 pudieron grabar el momento. Ya paré definitivamente. Según mi Garmin llevaba 29 km a una media de 5:01, contando el tramo de correr despacio. La verdad es que me encontraba muy bien. Podía haber seguido corriendo sin problema unos cuantos kilómetros más.
Después la furgoneta me llevó a la salida donde me reuní con mis amigas y estuvimos allí viendo la carrera por la pantalla hasta que finalmente el catcher car alcanzó a los ganadores Chema Martínez y José Antonio Requejo, que terminaron de la mano en un bonito final tras correr 66,2 km.
En mujeres en Valencia ganó la portuguesa Betinha Pereira, con 49,35 km.
En la clasificación mundial la ganadora en mujeres hizo 68 km y el ganador en hombres corriendo hizo 88 km, aunque en Dubai el ganador global hizo 92 km en silla de ruedas, ahí es nada. Qué campeones.
Según la clasificación oficial, yo hice 32,24 km, pero en realidad, como he dicho, fueron unos 29. Si no nos llegamos a confundir calculo que por el 27 o 28 me hubiera alcanzado el coche, un km por cada grado de temperatura como les dije en broma a mis amigas los días antes, je, je.
Viendo la clasificación de mi categoría de hombres M50, estoy en el 9º puesto de 52. Curiosamente los diez primeros hicimos entre 32 y 35 kilómetros, luego el 11º corrió 29,5 km y el 12º ya baja a los 22,93 km. Seguramente de entre los 10 primeros la mayoría estaremos en el grupo grande de corredores que equivocamos la ruta, por lo que más menos tenemos oficialmente unos dos o tres kilómetros de más.

La organización
Es una pena que una carrera tan bonita y que destina el 100% de lo recaudado a la investigación del daño medular, tenga en Valencia una organización con bastantes fallos. Ya el año pasado hubo muchas quejas de participantes y este año creo que ha sido aún peor.
Además del fallo de la mala señalización del recorrido (como he dicho, muchos corrimos un buen tramo por el arcén de una autovía), el gran fallo fue que a partir del km 10, gran parte de los participantes, el grueso del pelotón, se quedó sin agua en los avituallamientos. Teniendo en cuenta que la organización ya sabía que iba a hacer calor tenían que haber previsto esto.
Luego, el servicio de autobuses para recoger a la gente, sobre todo a los que pasaron de 25 km, ha tenido también bastantes quejas.
Y por último es triste también que en la zona de salida no hubiera algún tipo de avituallamiento para los que volvían allí a retirar su mochila del servicio de guardarropa tras acabar la carrera.
Eso sí, por lo que he leído y me han contado, un 10 para los voluntarios que se desvivieron por todo el mundo.
De todas formas, estoy seguro de que la organización es consciente de los errores y sabrán corregirlos para el año que viene. La carrera lo merece. 

Cerca del final (Foto de Mtbpasion).

Hidratación post carrera.

En plena entrevista para el reportaje para Eurosport.

El gran Chemita, haciendo el Robocop tras terminar la carrera.

El catcher car que pilota Carlos Sáinz.

Con la periodista Cristina Mitre.

Con Bea, la bloguera dicharachera bilbaina bei_uri.

Con la simpática actriz y deportista Mariam Hernández.

Con otra actriz y corredora y muy simpática, Kira Miró.

El equipo antes de la salida.

Las chicas con Chema Martínez.

En el cartel del km 33. Otro año a por él.

Viéndome por el tele "en directo" antes de la salida.

Este año han dado medalla, un buen detalle.

miércoles, 3 de mayo de 2017

Nuevo libro en mente, esta vez sobre mi experiencia como maratoniano

Tras mis dos últimas novelas que he publicado ("42,2 Muerte en Central Park" y "El polizón del buque fantasma") estoy trabajando en otra novela, pero a largo plazo.
De mientras me he decidido a escribir un libro sobre mi experiencia como maratoniano. Tengo un título en mente, pero aún no es definitivo así que no os lo digo por ahora.
Lo que sí tengo es más o menos decidido el índice de contenidos, en los que que habrá material que he ido publicando en este blog y material que escribiré exclusivamente para el libro. Por supuesto podréis leer las crónicas de mis 17 maratones (y de los que haga de aquí a que termine el libro).
Os pongo aquí el índice de contenidos y el primer borrador del prólogo en el que explico cómo empecé a correr maratones y por qué.
Espero que os interese.
Llegando a meta en mi primer maratón: Barcelona'96.

ÍNDICE DEL LIBRO:

Prólogo: ¿Por qué correr un maratón?
¿Y por qué el maratón mide 42,195?
Elegir tu primer maratón.
Encontrar la motivación para seguir.
Cómo preparar un maratón.
Cómo correr un maratón.
Cómo no pensar en un maratón (mientras corres un maratón).
Consejos: para la carrera, para el viaje, para entrenar...
Cómo gestionar la ansiedad previa al maratón
La importancia de la cadencia en la técnica de carrera.
¿Cuán larga debe ser la tirada larga?
Ser realistas con nuestras posibilidades.
Correr rápido o coleccionar maratones.
El punto de vista del médico deportivo.
Relación entre el test 2x6k y la prueba de esfuerzo.
El pulso como indicativo de la recuperación.
Envejecer corriendo.
Viajar y correr.
Viajar solo o con agencia.
Correr varios maratones seguidos.
Casualidades
Las redes sociales: conocer gente.
Grupos para correr: los Beer runners.
¿Por qué mi GPS me marca más distancia en cada Maratón que corro?
Maratón y ciclismo. ¿Qué es más duro?
Correr por un motivo: ayudar.
Darle la vuelta a los problemas. La experiencia de la anulación de NY’12.
Qué maratones me gustaría correr
Todo no suma.
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Otras carreras: Zermatt, WFL, trails, medios maratones,...
El Tourmalet corriendo.
La Wings for Life World Run
II Subida a los Lagos de Covadonga (corriendo)
Gorbea Beat the Sun, o cómo los sueños dan dolor de piernas.
¿Solo dos maratones al año? ¿Por qué?
Mi objetivo para los siguientes 20 años.


Prólogo: ¿Por qué correr un maratón?

¿Por qué correr un maratón? Tal vez si respondo a la pregunta de por qué corrí mi primer maratón esté respondiendo a la pregunta de por qué hacerlo.
¿Qué me llevó a correr por primera vez la distancia de 42,195 km? No tengo ni idea. Fue una decisión de éstas que te van rondando en la cabeza hasta que toman forma concreta y decides llevarla a la práctica. En realidad nunca sabré cuándo empezó a rondarme esa idea, solo sé que cada vez pensaba más y más en ella y un día decidí que debía correr un maratón.
¿Cuándo me pasó esto? Pues no sé. Ya desde que estaba en edad escolar me gustaba correr. El fútbol se me daba fatal, y en nuestro entorno si eres un crío que juega mal al fútbol no eres popular. Tal vez de ahí venga mi animadversión por el fútbol. De ahí y de que me resulta tremendamente aburrido. Creo que he visto muy pocos partidos de fútbol que hayan logrado mantener mi interés los 90 minutos. Si además le sumas a esto el hecho de que el fútbol es el deporte donde más violencia se da en su entorno, incluso en las categorías escolares, pues, la verdad, no le tengo mucho cariño.
Así que, allí estaba yo, marginado en los recreos cuando se formaban partidos de fútbol. El baloncesto y otros deportes de equipo tampoco me atraían demasiado. Pero de vez en cuando algunos como yo nos juntábamos y corríamos dando vueltas a la Plaza Elíptica en el centro de Bilbao (que era nuestra pista de atletismo), y más tarde dando vueltas a la ikastola Lauro durante el recreo. A mí desde siempre me gustaban los documentales, sobre todo los de Félix Rodríguez de la Fuente de “El hombre y la Tierra”. Y me gustaba cuando contaba con su inolvidable voz cómo cazaban los lobos a sus presas, acosándolas y persiguiéndolas hasta que la mayor resistencia de los lobos las agotaban. Entonces yo no había oído nada acerca de la “caza por persistencia”. De esto he sabido no hace mucho tras leer el famoso libro “Nacidos para correr”, de Christopher MacDougall. Pero, sin saber nada de eso, a mí me gustaba imaginarme que yo era un lobo corriendo infatigable tras mis presas por el monte.
Pero estoy seguro de que ni aún entonces yo pensaba que alguna vez me iba a gustar correr maratones. Seguramente no oía hablar mucho de maratones en aquello años de finales de los 60 y principios de los 70. Sí que oía hablar de Mariano Haro, un gran fondista palentino. Pero más que nada porque mi abuela materna era de Palencia.
Cuando ya entré en la adolescencia, y tal vez porque en Euskadi el ciclismo siempre ha sido un deporte popular, me aficioné mucho a montar en bicicleta. El primer póster que recuerdo tener colgado en mi habitación era uno de Eddy Merckx, el mejor ciclista de la historia. Con 15 o 16 años, no recuerdo bien, me compraron mi primera bicicleta “de carreras”, porque mis amigos con los que pasaba el verano en Lekeitio (que eran algunos de mis antiguos compañeros de la ikastola) solían salir en bici bastante. Y como en Lekeitio se captaba la señal de la televisión francesa, en julio solíamos ver las etapas del Tour y luego recorríamos las carreteras de la zona jugando a ser Eddy Merckx, Bernard Hinault, Joop Zoetemelk, Luis Ocaña y otros héroes de la ruta. Curiosamente, de todos aquellos amigos con los que me inicié en la bicicleta yo he sido el único que ha seguido practicando ciclismo toda la vida.
Así que, en aquellos años entre los 15 y los 18, yo corría en el colegio (BUP y COU ya no seguí en la ikastola Lauro) durante el invierno, y montaba en bici durante el verano. No hacía competición, pero en ese tiempo fui formando mi cuerpo como corredor de fondo, que es lo único en lo que destaco un poco.
Después, el ciclismo empezó a ser una verdadera pasión para mí, y desde que terminé el Colegio ya empecé a salir en bici casi todos los fines de semana desde la primavera hasta el otoño, primero con la Sociedad Deportiva Indautxu y luego desde 1985 con la Sociedad Ciclista Bilbaina, mi club, del que fui presidente unos años.
¿Y cuándo corría? Pues en los meses de invierno, donde descansaba de la bici y hacía otros deportes que me gustaban, sobre todo ir al monte y correr. Corría algunas carreras cortas de la zona, y alguna vez la Behobia - San Sebastián, que para mí ya era larga por aquel entonces.
Pero aún no pensaba en correr maratones. Mis ansias de realizar grandes gestas deportivas estaban centradas en la bicicleta, sobre todo cuando ya en los 90 empecé a participar en grandes pruebas ciclistas en los Pirineos franceses subiendo los mismos puertos de montaña que tantas veces había visto por la tele y en las revistas.
Sin embargo, en algún lugar de mi cerebro tenía un maratoniano dentro, y creo que se despertó con las grandes gestas de atletas vascos, sobre todo con las de Diego García y Martín Fiz. Sus éxitos en los maratones despertaron a mi maratoniano interior y a mediados de los 90 ya empecé a pensar en alto que alguna vez me gustaría correr un maratón. Y creo que ya entonces empecé a soñar con correr un día el Maratón de Nueva York (sueño que hice realidad en 2013, tras una aventura en el 2012 que explico en otro capítulo).
Y así, de forma natural, un día le comenté a Joseba Barrón, mi compañero de la S.C. Bilbaina en muchas correrías por los Pirineos y que además es médico deportivo, que quería prepararme para correr un maratón. La idea era elegir uno que fuera a primeros de primavera, para entrenar en invierno, y luego enlazar con la temporada ciclista.
En el club teníamos también a un gran deportista que hacía duatlones y corría maratones. La verdad es que no recuerdo su nombre. Hablando con él en alguna excursión cicloturista me recomendó que para debutar en maratón eligiera un maratón con mucha gente y con mucho público para ayudarme a no venirme abajo en los momentos duros. Así que elegí debutar en Barcelona en 1996, en el que sería el último año que el Maratón de Barcelona hiciera el recorrido del maratón olímpico de 1992, con la terrible subida final a Montjuïc.
Me puse en manos de Joseba y me preparó un plan de entrenamientos. Lo primero que me preguntó es qué marca pensaba hacer. Yo no tenía ni idea. Más o menos, con los ritmos a los que corría entonces pensaba que podría poner como objetivo las 3:30 horas, a una media de 5 minutos el kilómetro.
Como necesitaba una referencia, Joseba me mandó correr una prueba de 10.000 metros para, de ahí, deducir una posible marca objetivo. No había ninguna carrera de 10 km en las siguientes semanas cerca de Bilbao, así que un día bajé al parque de Doña Casilda con la bici, que tenía un cuenta kilómetros de los de entonces, y un espray de pintura roja. Tomé un punto de referencia y fui marcando el perímetro del parque cada 100 metros. Luego, al día siguiente, y sabiendo cuántas vueltas tenía que dar para completar los 10 km, fui al parque y corrí lo más rápido que pude. Creo recordar que tenía que dar 9 vueltas y un poco, porque cada vuelta era de poco más de 1.100 metros. No recuerdo lo que tardé pero creo que dimos por bueno el objetivo de 3:30 horas.
Y así empezó mi periplo maratoniano. Tenéis la historia de cómo me fue en Barcelona en el capítulo correspondiente.
Al año siguiente también decidí que iba a correr otro maratón, pues la experiencia de Barcelona me marcó y a pesar de que me resultó una carrera durísima, según pasaba la meta ya tenía ganas de vivir otra vez ese momento mágico que supone siempre terminar un maratón.
En 1997 cambié el plan y me apunté al Maratón de San Sebastián. Al ser en noviembre podía centrarme en la bicicleta hasta julio, para las grandes citas, y luego ya empecé a entrenar para el maratón. El objetivo volvía a ser hacer un tiempo de 3:30 horas, y esta vez me quedé cerca.
Los siguientes años entre la bici y el hecho de ser padre, apenas pensé en el maratón. Pero en el año 2000, unos problemas personales de los que no me gusta hablar, me hicieron salir menos en bici y enfoqué mi motivación en completar el antiguo Maratón de Bilbao, que se celebraba en mayo. La verdad es que el tener en mente el maratón me ayudó con mis problemas y me salvó en los momentos complicados. Lo mismo me ocurrió muchas otras veces en los siguientes años al tener diferentes objetivos deportivos.
Así que el año 2000 corrí mi tercer maratón en Bilbao, en casa. No lo pude entrenar mucho, así que me lo tomé con calma.
Después, poco a poco retomé con brío la bicicleta, y aunque corría algunas carreras y algún medio maratón no fue hasta el año 2011 en el que decidí correr maratones de nuevo. Y ahí surgió como gran motivación la elección de “debutar” de nuevo en la distancia reina en Nueva York en 2012.
En 2012 no pudo ser pero sí que fue otra vez San Sebastián. En 2013 por fin corrí en Nueva York y unas semanas después también en San Sebastián. Luego en 2014 fue Rotterdam el elegido.
El año 2014 coincidió también con mi último año como ciclista de fondo, ya que unos problemas en la columna por una espondilitis me empezaron a resultar demasiado molestos en las salidas largas en bicicleta, con lo que ese año pasé de ser un ciclista que de vez en cuando corría maratones, a un maratoniano que de vez en cuando sale en bici.
Y así empezó todo. Y seguimos.