miércoles, 6 de septiembre de 2017

Viaje al eclipse total - EE.UU. Agosto 2017. (1ª parte)

El pasado 21 de agosto se pudo ver a lo largo de los EE.UU., de Oeste a Este, un eclipse total de sol. Desde que me enteré el verano pasado de esta efeméride astronómica, decidí que era una buena ocasión para hacer un viaje que deseaba hacer hacía tiempo por los parques nacionales de este país y ver de paso un eclipse total de sol.

Un eclipse de sol no es algo raro. Cada año hay al menos dos eclipses solares, incluso puede haber hasta seis eclipses solares en un año. Lo difícil es poder verlo en su fase de totalidad, ya que eso solo es posible en una estrecha franja que se desplaza a lo largo de una zona de la Tierra a unos 3.200 km/h en dirección Este y que es como mucho de unos 270 km de ancho. Por lo tanto, en un punto concreto de la Tierra tan solo se puede contemplar un eclipse total de sol cada dos o tres siglos.
Es cierto que ver un eclipse parcial es mucho más habitual, pero la diferencia entre presenciar un eclipse parcial, aunque el sol esté oculto en un porcentaje muy alto de su superficie aparente, y ver un eclipse total es abismal. Cuando el sol pasa de estar oculto un 99% a estar oculto en un 100% se hace de noche, el cielo se oscurece y se ven las estrellas y planetas más visibles.
Así pues, había que aprovechar esta ocasión, ya que en España el próximo eclipse total que se podrá ver será en agosto de 2026.

Un viaje de este tipo hay que prepararlo con tiempo. EE.UU. es un país muy grande y hay muchísimas cosas que ver. Como además teníamos que estar el 21 de agosto en la zona visible de la totalidad, y tampoco teníamos tantos días para el viaje, desde octubre a diciembre del año pasado estuve mirando mapas, vuelos, carreteras y cualquier cosa que me fuera útil para planificar el viaje.
Y por fin, para diciembre, ya tenía los vuelos reservados y la ruta más o menos decidida para ir reservando hoteles.
Y aquí está, finalmente, la crónica del precioso viaje que hemos hecho este agosto.

11 de agosto. De Bilbao a San Francisco
El vuelo que habíamos reservado era con Lufthansa de Bilbao a San Francisco con escala en Frankfurt. Ir tan lejos siempre es una paliza. El vuelo largo tenía una duración de unas 12 horas, y salvo que viajes en primera, cualquier asiento de avión es una tortura para tantas horas.
Lo bueno era que íbamos a volar en un Airbus A380, el avión de pasajeros más grande del mundo, y como la línea recta (en rumbo ortodrómico) de Frankfurt a San Francisco pasa muy al norte, tuvimos la ocasión de ver Groenlandia desde el avión. Unas vistas espectaculares.
Por fin llegamos a San Francisco hacia el mediodía de allí (las 9 horas de diferencia nos beneficiaba) y tras dejar las cosas en el hotel Grant fuimos a dar una vuelta para ver la ciudad, pese al cansancio.
San Francisco es una ciudad muy bonita, nos gustó mucho. Eso sí, vaya cuestas que tiene para caminar. Por fin, tras una cena en la zona de Fisherman Wharf y un paseo por las empinadas calles con visita a la calle Lombard, nos fuimos a descansar.
Por cierto, tuve ocasión de reunirme unos minutos con mi compañero Beer Runner, Julen, que estaba ya en los últimos días de su viaje por el país.
El largo viaje.

El gran avión.

Aunque no lo parezca por ser una proyección Mercator, ésta es la ruta más corta.

¿Ahora lo veis? Rumbo ortodrómico.

Groenlandia. Qué chulada.

Leones marinos en los muelles de San Francisco.

Alcatraz.


Cable car.

Lombard Street.

Aquí, con la gacela.


12 de agosto. De San Francisco a Yosemite
Como me desperté muy temprano fui a correr un poco por la ciudad. Fue un entreno suave bien aprovechado. Luego fui a recoger el coche de alquiler y salimos de la ciudad cruzando el puente Golden Gate. Paramos un poco por la zona de Sausalito para ver el puente, pero por desgracia era un día con una de las habituales nieblas de la ciudad y la parte alta del puente no se veía.
Después seguimos viaje por el puente Richmond-San Rafael, que cruza la bahía, y dejamos atrás la ciudad en dirección a Modesto, donde íbamos a parar a comer en casa de nuestros amigos Tom y Marilyn, que nos iban a acompañar a Yosemite.
Tras la opípara comida, seguimos viaje y llegamos a El Portal, a la entrada del parque, con el tiempo justo de hacer el check-in en el Yosemite View Lodge, dejar las maletas y dirigirnos al mirador de Tunnel View a ver el atardecer con las imponentes paredes de “El Capitan” y del resto de montes de fondo.
Desde que en mi juventud me comprara el libro “Escaladas en Yosemite”, siempre había deseado ver con mis propios ojos estas impresionantes paredes de granito de casi 1000 metros que encierran el precioso valle de Yosemite. Y por fin, ahí las tenía delante de mí. Una maravilla.

Total de kilómetros en coche: 352 km.
De San Francisco a  El Portal (Yosemite).

Corriendo por Lombard Street.

Foto de postureo. Demasiada cola como para montarnos.

El Golden Gate bridge.


Desierto de California.

Y por fin Yosemite.



13 de agosto. Yosemite
Al día siguiente Tom nos invitó a desayunar en el precioso y antiguo hotel The Majestic. Un coqueto y elegante hotel que nos llevaba a los tiempos en los que los primeros viajeros que visitaban el parque se alojaban en sus suntuosas habitaciones y comían en sus magníficos salones. Aunque no te alojes en él, es muy recomendable visitarlo.
Tras el desayuno hicimos una pequeña ruta por el fondo del valle, no muy exigente ya que aún estábamos cansados del viaje. Sin duda Yosemite es uno de los parques nacionales más bonitos de los EE.UU. y un paseo por el valle te hace empequeñecer ante las grandes paredes rocosas que rodena el entorno.
La pared más famosa es, sin duda, la de “El Capitán”, así, en castellano. Una pared casi lisa de 900 metros verticales, cuya vía llamada “The nose” (la nariz) es un desafío para los mejores escaladores del mundo. La primera vez que se ascendió fue en 1958 y los tres alpinistas que lo lograron tardaron 47 días no consecutivos en subir. En 1960 fue ascendida por primera vez de un tirón en siete días. Y en 1975 otros tres alpinistas lo lograron en un solo día por primera vez. En junio de 2012 dos escaladores en modalidad libre hicieron el record en subir esta pared con un registro increíble de 2 horas y 23 minutos. Ahí queda eso.
Tras la excursión y un pequeño picnic en el valle, Tom y Marilyn se marcharon y nos quedamos solos en el hotel. Al atardecer regresamos a Tunnel View para ver de nuevo el atardecer. Nunca te puedes cansar de verlo.





El Capitán.



Half Dome.



Vista desde Tunnel View.



¡Corre!




14 de agosto. De Yosemite a Sequoia Park
Al día siguiente como me desperté temprano salí a correr un rato. Tuve la suerte de ver amanecer por una carretera solitaria junto al río Merced. No es que haya entrenado realmente en el viaje, pero sí que he corrido algo algunos días.
Tras el desayuno dejamos el hotel y emprendimos viaje hacia nuestro siguiente destino, Lemon Cove, bajo las montañas donde están los bosques de las sequoias gigantes en el Sequoia National Forest.
Volvimos a pasar por Tunnel View para dirigirnos hacia el Glacier Point, un mirador privilegiado al valle de Yosemite desde las alturas. Para llegar allí subes por una bonita carretera de montaña que te muestra bonitos paisajes y praderas.
Al llegar arriba, y como también habíamos apreciado al paso por Tunnel View, había una extraña niebla que nos impidió disfrutar de las impresionantes vistas que ahí desde allí. No era una niebla normal, ya que olía a quemado. Era humo que iba invadiendo todo Yosemite y que procedía de un incendio forestal originado más al sur, cerca de la localidad de Wawona.
Cuando escribo estas líneas, a primeros de septiembre, el fuego aún no se ha extinguido. Está parcialmente controlado para que no afecte a zonas habitadas, pero los servicios del Parque parece ser que dejan que estos incendios naturales habituales en verano se extingan por sí mismos ya que son necesarios para la regeneración natural de los bosques.
En el viaje, pasamos junto a Fresno y más tarde llegamos por fin a nuestro hotel en Lemon Cove, el Plantation Bed & Breakfast, un bonito hotel familiar con decoración dedicada a la película “Lo que el viento se llevó”. Nos tocó la habitación de Rhett Butler, el personaje de Clark Gable.
Tras dejar las maletas subimos con el coche por una revirada carretera de montaña hasta llegar al General Sherman, una de las sequoias gigantes más famosas del mundo ya que es el árbol con más masa de todos. Pesa más de 1.900 toneladas, aunque “solo” mide 83,8 metros de alto y la circunferencia de su tronco en la base es de 31,3 metros. Es un árbol muerto (ya no crece más) y tiene una edad de entre 2.300 y 2.700 años. Como veis, unas dimensiones de otro mundo.
Después de pasear un poco junto a estos árboles que nos empequeñecen, regresamos al hotel, donde antes de acostarnos saqué unas fotos del cielo tan estrellado que se veía. El hotel está en una zona poco habitada y es un lugar ideal para ver las estrellas.

Total de kilómetros en coche: 377 km.
De Yosemite a Sequoia National Park.

Corriendo al amanecer junto al río Merced, en Yosemite.


Entrada a Yosemite.

Humo desde el Tunnel View.


Humo desde el Glacier Point. Apenas se adivina el Half Dome.



El incendio, cerca de Wawona.


Qué maravilla las sequoias gigantes.




El General Sherman.

La Vía Láctea, desde Lemon Cove.


15 de agosto. De Lemon Cove a Las Vegas
Tras un rico desayuno que nos preparó la dueña del hotel, Lisa, con una tostada francesa espectacular, seguimos viaje hacia Las Vegas pasando por el Death Valley, el Valle de la Muerte, uno de los lugares más cálidos y secos del mundo. Pero primero pasamos por una carretera muy bonita y solitaria que nos hizo atravesar la punta sur del Sequoia National Forest por el lago Isabella y más tarde rodear el parque Coso Range Wilderness Area, una zona volcánica del desierto.
Poco a poco íbamos adentrándonos más y más en pleno desierto del Death Valley e hicimos algunas paradas para apreciar la belleza de este Valle de la Muerte, un lugar inhóspito y casi incompatible con la vida, pero que tiene un atractivo indudable para visitarlo, eso sí, llevando agua y un coche con aire acondicionado.
La parte central de valle está al nivel del mar e incluso hay zonas, como Badwater (donde se corre uno de los ultras más duros que hay), que llegan hasta los 85 metros bajo el nivel del mar. Por eso allí, entre que estamos al fondo de uno de los valles más secos que hay y la baja altitud, se dan las mayores temperaturas registradas en toda la Tierra. El record está en unos insoportables 57ºC. Por suerte, nosotros solo vimos en el coche unos frescos 46ºC. La verdad es que era difícil estar mucho rato fuera del coche.
Tras salir de este desierto entrábamos en Nevada y seguimos por zona desértica en dirección a Las Vegas, a donde llegamos al anochecer por una carretera de entrada a la ciudad un poco agobiante por el tráfico.
Tras instalarnos en el hotel Excalibur, salimos a dar una vuelta por la ciudad y cenar algo. Fue una vuelta corta porque la ciudad no nos gustó mucho, la verdad. ¡Ah! Y me jugué un dólar en el casino del hotel, y lo perdí, claro. La Banca siempre gana.

Total de kilómetros en coche: 700 km.
De Lemon Cove a Las Vegas por Death Valley.

De camino al lago Isabella. Numerosos árboles de Josué, los "Joshua trees".

Entrando en Death Valley.


Restos de camiones tostados en el Valle.

Dunas en Death Valley.


Se nota que estamos cerca de la famosa Área 51.

A 46ºC.


Las Vegas.



Adiós a mi dólar.


16 de agosto. De Las Vegas a Valle
Dejamos atrás esa bulliciosa ciudad en mitad de la nada que es Las Vegas e iniciamos nuestro siguiente traslado hacia la localidad de Valle, junto a Grand Canyon, una de las paradas más deseadas del viaje.
Poco después de dejar Las Vegas, la carretera vuelve a ser tranquila en cuanto al tráfico y nos hace atravesar por un bonito paisaje, siempre desértico, por la zona del Lake Mead Recreational Area, otra zona de cañones también creada por el río Colorado, río que iba a estar omnipresente en los dos siguientes días. Aquí ya entrábamos en Arizona.
Después, la carretera nos llevaba hasta Kingman, ya en la famosa Ruta 66 que une las ciudades de Los Angeles, California, con Chicado, Illinois. En nuestro viaje no seguíamos esta bonita ruta, pero sí que la íbamos a tocar en localidades como Kingman, Seligman o Williams para dirigirnos a Grand Canyon, así que hicimos un par de paradas tanto en Kigman como en Seligman, ya que merece la pena ver un poco la importancia de la Ruta 66 en esta parte de los EE.UU. Además, en Selligman y en algunos otros lugares, se ven antiguos coches de los años 50 y 60 aparcados en diferentes zonas, algunos de ellos decorados como los coches de la preciosa película de animación “Cars”. Por cierto, mientras comíamos algo en Selligman vimos un correcaminos, ¡mec, mec!
En Williams ya girábamos hacia el norte para dirigirnos a nuestro destino de este día, Valle, un pequeño pueblo situado ya cerca del South Rim del Grand Canyon.
Tras dejar las cosas en el hotel Grand Canyon Inn, fuimos en coche hasta Tusayan, una localidad más grande y ya muy cercana a la entrada del Parque Nacional del Grand Canyon, y de allí fuimos hasta el aparcamiento del South Rim del Grand Canyon para ver esta maravilla de la naturaleza en el ocaso.
El Grand Canyon es de estos lugares increíbles al que las fotos y los vídeos no hacen justicia. Es inmenso, como la mayor parte de los paisajes de esta zona del país. Estuvimos por allí algo más de una hora admirando el paisaje, sacando fotos y viendo la puesta del sol, que es algo que merece mucho la pena. Uno de los momentos importantes de todo el viaje.
Ya de noche bajamos de nuevo a Tusayan a cenar algo antes de regresar al hotel a dormir.

Total de kilómetros en coche: 490 km.

De Las Vegas a Valle.

En ruta. Carreteras inmensas.

Seligman.





Grand Canyon.













17 de agosto. De Valle a Page
Al día siguiente salí también a correr algo. Entre que ya hacía calor y la altitud (por esta zona del país estás todo el rato cerca de los 2.000 metros de altitud) la verdad es que no corrí demasiado, lo justo para no perder demasiado la forma durante el viaje pensando en los maratones que tengo previsto correr en noviembre y diciembre.
Ya en marcha fuimos por una carretera solitaria y por un paisaje precioso de montaña hacia Flagstaff para seguir después hasta el Cráter del Meteoro, un lugar espectacular que tenía ganas de visitar desde hacía muchos años. En un principio no teníamos previsto verlo en este viaje, pero al comprobar que no estaba demasiado lejos de nuestra ruta, decidí incluirlo y la verdad es que me alegro de haberlo hecho.
Este cráter se formó hace unos 50.000 años por la caída de un meteoro metálico de unos 50 metros de diámetro que dejó este fenomenal agujero en el desierto de unos 1.500 metros de diámetro. El fragmento más grande que se ha encontrado es una roca metálica de menos de un metro que está expuesta en el Centro de Interpretación.
Tras ver esta atracción de la naturaleza, volvimos hacia Flagstaff donde nos acercamos a ver el observatorio astronómico Lowell, uno de los más antiguos del país. Luego volvimos hacia el norte para acercarnos de nuevo al Grand Canyon, donde estuvimos un rato viendo la torre Desert View Watchtower, una torre de piedra de 21 metros de altura que se construyó en los años 30 y que homenajea en cierta forma a las tribus indias que vivían allí antes y a su cultura.
Tras la visita, seguimos viaje para llegar a ver la puesta del sol en Horseshoe Bend, cerca ya de nuestro destino en Page. Por suerte llegamos a tiempo y pudimos admirar este fantástico rincón del río Colorado que hace una curva circular tallada en la roca. Es un lugar muy fotografiado y muy hermoso. Como prueba de ello era la cantidad de gente que estábamos allí viendo esa preciosa puesta de sol.
Después de estos momentos intensos terminamos el viaje en Page, en el hotel Travelhodge Page, donde me di un baño en la piscina antes de ir a cenar a un Steak House.

Total de kilómetros en coche: 530 km.
De Valle a Page, por Meteor Crater y Grand Canyon.

Carrerita por Valle.



Llegando a Meteor Crater.


Impresionante este agujero.

Fragmento del meteoro que causó el cráter hace 50.000 años.

Este sitio fue usado por la NASA para la preparación de sus misiones Apolo.

Estratégico hueco en el muro. Las vistas parecen un póster.

Watchtower. Grand Canyon.




Atardecer en Horseshoe bend.



18 de agosto. De Page a Moab
Cerca de Page se encuentran unos pequeños y estrechos cañones que con el juego de luces y sombras del sol a lo largo del día y el color de la roca arenisca producen un paisaje que merece una visita sí o sí.
El más conocido de estos cañones, cuyas visitas las gestionan diferentes familias de Navajos que son sus dueños, es el Antelope Canyon. Lo malo es que al ser el más conocido también es el que más visitantes acoge cada día. Si a esto le sumamos la estrechez de los cañones y su tamaño reducido, nos encontramos que esas magníficas fotografías que vemos en internet son muy difíciles de sacar porque es casi imposible tomar una foto en la que no haya un grupo de personas en medio.
Por suerte, investigando por internet antes del viaje, encontré que no muy lejos del Antelope Canyon, hay otro cañón, el Canyon X, con un paisaje similar, mucho menos masificado y además a un precio más barato. Así que llegamos allí con la visita ya contratada cerca del mediodía, la mejor hora para ver estos cañones.
Y puedo decir que fue un acierto ya que el grupo en el que íbamos era solo de seis personas con un guía, el navajo Cody, que además es todo un experto en el manejo de las cámaras de fotos. En ciertos lugares nos hacía posar, nos cogía nuestros móviles, hacía los ajustes necesarios y nos sacaba unas fotos espectaculares del cañón y de nosotros. Además, en las fotos que sacábamos nosotros era fácil que no saliera gente para captar la belleza rojiza del lugar.
Tras la visita de casi hora y media iniciamos nuestra ruta hacia Moab pasando por Monument Valley, otro lugar mítico que hay que ver. Es un paisaje que a todos nos resulta familiar ya que es “el paisaje” de las grandes películas del Oeste, como “La diligencia”, de John Ford.
La ruta por la carretera que atraviesa Monument Valley se inicia en Kayenta, un cruce de caminos con poco más que una gasolinera y unas casas. Es de este tipo de lugares muy común en esta parte del país que al verlo en el mapa piensas que va a ser una localidad más o menos grande y que al llegar allí ves que no hay casi nada.
Ya al girar al norte en Kayenta, enseguida entras en Utah y el paisaje empieza a ser el de los Westerns, con esas mesas, montañas planas y escarpadas, que se levantan de la meseta del lugar. En la carretera hay varios puestos de venta de artesanía india, donde puedes comprar cosas muy bonitas.
Fuimos hasta el hotel The View, donde, como su nombre indica, hay unas vistas impresionantes de toda la zona y donde está también el Visitor Center del Navajo Tribal Park, que está gestionado por esta tribu. De hecho, para llegar allí tienes que pagar la entrada al Parque, 20 dólares por coche. Si tienes tiempo, desde allí parten algunas pistas que se pueden recorrer en coche.
Tras un rato sacando fotos y disfrutando del entorno, volvimos a la carretera para seguir hacia la famosa Milla 13, un lugar con unas vistas de las mesas que se nos hace muy familiares, ya que es el punto en el que Forrest Gump termina sus días de corredor de fondo a lo largo del país y decide regresar a su casa en Greenbow, Alabama.
Era la segunda vez en mi vida que pasaba por ese lugar. La anterior fue en 2010 siguiendo la carrera ciclista que va de costa a costa de EE.UU., la Race Across America. Esta vez no me pude resistir y me saqué un vídeo corriendo como Forrest Gump con la camiseta de mi equipo de los Beer Runners Bilbao. Qué gran momento.
Al salir de Monument Valley, ves una roca colgada de un picacho. Se trata del Mexican Hat, el sombrero mejicano, una curiosidad que se caerá cualquier año de estos.
Después ya seguimos hacia el norte para llegar a Moab, nuestro siguiente destino, donde nos alojamos dos noches en el Adventure Inn Moab.

Total de kilómetros en coche: 430 km.
De Page a Moab.

Vistas del Canyon X.









Fotaza de Cody, nuestro guía navajo.

El Canyon X visto desde arriba.


Entrando en Utah por Monument Valley.





La Milla 13. ¡Go, Forrest, Go!

No me pude resistir, ja, ja.


Mexican Hat.

Llegando a Moab.

Willson Arch, cerca de Moab.

(No os perdáis la segunda parte: Canyonlands, Arches, Eclipse en Oregon, Boise, Filadelfia y Nueva York).

martes, 29 de agosto de 2017

Prueba de esfuerzo y regreso a los entrenamientos

Como os comenté en mi anterior entrada, este mes de agosto lo he dedicado a descansar. Tampoco es que haya sido un descanso total, ya que he estado 15 días de viaje por los EE.UU. y ha sido un viaje agotador (y maravilloso, pronto subiré aquí una crónica detallada). He corrido algunos días por allí, pero entre el cambio horario, el traqueteo de los viajes, y la altitud en buena parte del viaje, la verdad es que han sido entrenamientos en los que me he encontrado más cansado que otra cosa.

Monument Valley. Un buen lugar para correr (y para recordar a Forrest Gump).

Como tenía un poco de miedo de que ese cansancio fuera también fruto de las carreras de la primera parte de la temporada (dos maratones y un ultra) pedí cita a mi médico para hacerme una prueba de esfuerzo a la vuelta del viaje para quedarme tranquilo.
Así que este lunes, tras regresar de EE.UU. el sábado por la tarde, y todavía con el sueño cambiado, pasé por la consulta de Senkirol y me puse a correr a ver qué tal me iba la cosa. La verdad es que tenía más ganas de dormir que de correr, pero no me fue del todo mal.
La verdad es que puedo estar muy tranquilo.
Sí que tengo cansancio, pero es un cansancio sano por el hecho de que no estoy muy en forma (lógicamente). Durante la prueba me salió un electrocardiograma limpio, sin ninguna extrasístole sospechosa de fatiga cardíaca, tanto en reposo como en esfuerzo. El corazón está descansado. Fenomenal.
Y los datos de forma física tampoco son muy malos para comenzar un nuevo ciclo de entrenamientos y carreras de aquí a diciembre (me esperan un trail duro y dos maratones más).

Éstos son los datos:

- Consumo de oxígeno (VO2): 56,21. Más bajo que otra veces (63,96 en abril, previo al Maratón de Madrid, y 71,32 en septiembre de 2016, previo al Maratón de Berlín), pero bueno tras el descanso y el viaje.

- Punto de Conconi (umbral aeróbico): 142 ppm a 11 km/h (en abril era de 139 ppm a 12 km/h y en septiembre'16 fue de 137 ppm a 12 km/h). O sea, que me ha subido el umbral pero lo alcanzo a un ritmo más lento que antes.

- Potencia en el umbral: 256,9 frente a 242,6 en abril. Pero como ahora estoy en 68,2 kg y en abril estaba en 65,9 kg, en wat/kg solo he subido de 3,68 a 3,76. Espero bajar un poco de peso para mejorar este ratio.

- Potencia máxima mantenible: 159 ppm a 14 km/h. En abril era de 156 ppm a 15 km/h y en septiembre'16 era de 153 ppm a 14 km/h. No estoy mal.

- Recuperación en el minuto 1: De 164 a 133 ppm (R1 -34). En abril bajé de 161 a 131 (-30), y en septiembre'16 de 167 a 127 ppm (-40). No estoy mal pero puedo mejorar.

En resumen. El descanso me ha venido bien y el viaje no me ha afectado en la fatiga. Puedo empezar a entrenar esta semana (que era lo que tenía previsto) de cara a las carreras de octubre, noviembre y diciembre. No estoy en mi mejor forma pero estoy con salud. A darle caña al cuerpo.

viernes, 21 de julio de 2017

Descansar es entrenar

Tras el cierre de la primera parte de mi temporada, una primera parte muy exigente con los maratones de Madrid y Lieja, otras carreras como la Wings for life o la media Azkoitia-Azpeitia, y los trails de Apuko, Gernika y el colofón final del 1 de julio del Ultra del Zermatt Marathon, he dado paso a un mes julio de recuperación.
Descansar en una playa del Caribe es un buen entrenamiento para el verano.

Desde el 1 de enero hasta el 1 de julio me han salido estos datos de carrera a pie:

Datos totales:
- 111 días corriendo
- 1383 km
- Casi 138 horas
- 28.400 metros de desnivel

Asfalto:
- 98 días de carrera de asfalto
- 1156 km de asfalto
- Casi de 107 horas de asfalto
- 16.200 metros de desnivel acumulado en asfalto

Trail
- 11 días de carrera por monte
- 221 km por monte
- 30,5 horas por monte
- 12.200 metros de desnivel por monte  

Resumen por meses (sin contar el ultra de Zermatt del 1 de julio):

- Enero: 253 km
- Febrero: 226 km
- Marzo: 264 km (con un maratón)
- Abril: 222 km
- Mayo: 228 km
- Junio: 144 km (con un maratón)

Con estos datos es normal que haya llegado a julio bastante cansado. Además de por la acumulación de esfuerzos también me influye la artritis que sufro (una espondiloartropatía soriásica) que además de causarme dolor y rigidez en varias articulaciones (sobre todo a la altura de hombros y cuello que es lo que me ha alejado del ciclismo estos últimos años), de vez en cuando me origina también una sensación de fatiga. Por eso a veces paso de ser capaz de correr dos maratones en un mes, a sentirme tan cansado que me cuesta correr 15 minutos.
Así que este julio, después de la carrera de Suiza, estoy en un periodo de descanso. Hasta el 13 de julio, día en el que subí el Col de Balés en bici en mi habitual viaje a Pirineos a ver el Tour de Francia, casi hice un descanso total (solo hice una hora de bici suave). Luego he corrido tres días muy suave con un máximo de 40 minutos, todo el rato trotando a un ritmo de pulsaciones por debajo de mi umbral.
Y eso es lo que voy a hacer hasta mediados de agosto. Como mucho correré algunos días a ritmo tranquilo y haré alguna salida en bici suave. Además, en agosto estaré casi 20 días de viaje por los EE.UU. donde correré algunos días pero solo con intención de mantener algo la forma.
Como para el último cuatrimestre del año tengo algunas carreras importantes (trail Gorbea Suzien en octubre, Maratón de Valencia en noviembre y Maratón de Lanzarote en diciembre), mi intención es empezar a entrenar más en serio desde la vuelta del viaje a EE.UU., o sea, desde la última semana de agosto. Tampoco voy a entrenar a ritmos muy exigentes, ya que mi intención en esas carreras es solo terminarlas bien. No iré con objetivo de hacer ninguna marca.

Bien. Así que, como veis, este verano le voy a dar mucha más importancia al descanso que al entrenamiento. El cuerpo (y el sentido común) me lo pide, y como suelo decir siempre "todo no suma, hay entrenos que restan". Descansar es una de las partes más importantes del entrenamiento, ya que sin descanso no damos tiempo al cuerpo a asimilar el trabajo y no tendremos mejora. Si estamos cansados lo normal es descansar. Si seguimos entrenando con malas sensaciones al final nos vamos a encontrar con una fatiga importante. Y para salir de una fatiga crónica necesitaremos mucho tiempo de recuperación, y para cualquiera que le guste hacer deporte estar mucho tiempo parado es siempre una mala noticia.

Por cierto. Ya estoy también empezando a preparar mis objetivos deportivos para 2018. Por ahora parece claro que correré el Maratón de Barcelona en marzo, ya que es la 40ª edición, y tras haber corrido las ediciones número 40 de los maratones de Washington'15, París'16, Madrid'17, pues me hace ilusión hacer lo mismo en Barcelona'18. Será mi tercera participación en este maratón. Y también tengo en mente volver a disfrutar del inmejorable ambiente del Maratón de Nueva York. Lo corrí en 2013, así que es una bonita idea repetirlo cinco años después. Habrá que ir ahorrando.
Ver esta foto en Central Park en el NYC Marathon'13 es una motivación extraordinaria para volver a entrenar.

miércoles, 5 de julio de 2017

Zermatt Ultramarathon: una carrera, un viaje, una aventura

Se acabó la primera parte de la temporada. Desde enero he cumplido todos los objetivos que me había marcado, incluso uno más que surgió sobre la marcha (el Beer Lovers’ Marathon). La idea era enfocar este primer semestre para llegar lo mejor posible al ultra del Zermatt Marathon.
La meta del Maratón. Una meta preciosa (cuando se ve el Cervino).

Para ello me preparé un plan de entrenamientos y de carreras preparatorias en el que el objetivo era acumular bastantes horas de entrenamientos, tanto en asfalto como en monte. Además, como carreras intermedias incluí (entre otras) la carrera de montaña Apuko Mendi Lasterketa (23 km) en febrero, en abril el Maratón de Madrid, la Azkoitia Azpeitia y la Wings for life de Valencia. Sobre la marcha incluí también otra carrera de montaña, la de Gernika de la Urdaibai Kopa (18 km), y otro maratón, el Beer Lovers’ Marathon en Lieja (Bélgica) un mes antes de ir a Zermatt.
Todo iba según lo previsto hasta tres semanas antes de la gran cita de Zermatt. Tal vez no descansé lo suficiente tras el Maratón de Lieja, pero el caso es que a falta de tres semanas para la carrera suiza empecé a tener bastantes problemas tanto físicos como anímicos. Por un lado caminando por el Gorbea me hice un pequeño esguince en el tobillo (que por suerte se curó con unos días de descanso). Además, pillé un constipado bastante fuerte que me dejó unos diez días con flemas y catarro. También coincidió con días de mucho calor y con una serie de problemas personales por lo que las dos semanas previas a ir a Zermatt no he dormido bien ningún día, despertándome a media noche y levantándome por las mañanas sin haber descansado.
Así que fui a Suiza con muchísimas dudas de si el cuerpo me iba a aguantar en una carrera larga y exigente después de tantos días malos.

Jueves: un viaje complicado
Si no conocéis Zermatt hay tres cosas que debéis saber: a) es un pueblo precioso, casi de postal; b) es un pueblo muy caro dentro de un país caro; y c) está en el quinto pino.
Llegar a Zermatt no es fácil. Desde Bilbao tuve que coger dos aviones para llegar a Ginebra vía Barcelona. Además, el vuelo de Barcelona a Ginebra salió con más de media hora de retraso por tormentas en Francia. Al llegar al aeropuerto de Ginebra me tardaron más de lo que pensaba en entregarme el coche que tenía alquilado. El viaje de Ginebra a Tasch (último pueblo al que puedes acceder en coche antes de Zermatt) en teoría era de algo más de dos horas y media, pero por mor de la lluvia que caía, de un atasco monumental en la autopista por obras (45 minutos de retraso) y de un accidente en la carretera que ya sube hacia el valle donde está Zermatt (otros 30 minutos de retraso), al final llegué a Tasch hacia las doce de la noche, cuando yo había calculado que iba a llegar sobre las nueve de la noche. Menos mal que había comprado unos sándwiches en una gasolinera en la autopista.
En Tasch tienes que dejar aparcado el coche (pagando) y coger el tren hasta Zermatt. Normalmente hay un tren cada veinte minutos más o menos, pero por la noche solo hay uno cada hora, así que tuve que esperar casi 40 minutos hasta el siguiente tren.
Ya en Zermatt tenía que ir a las oficinas de la empresa en la que había alquilado un apartamento para recoger en un buzón la llave y las indicaciones de cómo llegar al apartamento. De día puede que las indicaciones fueran claras, pero al final tardé un montón de tiempo subiendo y bajando por varias escaleras (en Zermatt todo son cuestas) hasta que por fin encontré el dichoso apartamento.
Total que para cuando entré por la puerta eran ya la una y diez de la madrugada, casi seis horas después de haber arrancado el coche en el aeropuerto. Agotado.

Viernes previo a la carrera
Hubiese deseado dormir más, pero para las seis y media de la mañana ya estaba despierto y seguía cansado. Por fin, bajé a la oficina de los apartamentos para pagar los extras de limpieza y varios (no sé por qué no lo cobran todo junto si son extras obligatorios) y luego me tomé un café y un bollo para desayunar. Luego cogí el tren para bajar a Tasch y con el coche bajé hasta Sankt Niklaus, donde entregaban los dorsales. El Cervino se veía precioso, pero luego se cubrió y no lo volví a ver hasta el domingo por la tarde.
Tras recoger el dorsal y comprar una gorra de la carrera, cogí el coche para regresar a Zermatt. Al desaparcar tuve un pequeño accidente con otro coche, sin consecuencias (pensaba yo).
Comí temprano unos espaguetis y a la una y media fui al entrenamiento de reconocimiento que habían organizado los de la carrera. Subimos en un tren hasta Sunnegga, una de las estaciones de montaña por las que pasa el recorrido, y luego corrimos suave por allí una horita hasta otra estación, Grunsee. Mientras corría recibí una llamada de la policía de Suiza para pedirme unos datos del coche, por lo que tuve que ir lo antes posible a la comisaría de Zermatt por la tontería del golpe. Luego me llamaron también de la empresa de alquiler del coche. Total, que entre que no había dormido bien, la carrerita y los quebraderos de cabeza de los trámites burocráticos por el incidente, no pude descansar lo que pretendía esa tarde y al final cené algo casi sin ganas y me fui pronto a la cama, ya que el sábado tenía que levantarme a las cinco y media.
En ese momento pensé que terminar el ultra era imposible, y casi dudaba de si tomar siquiera la salida el sábado, ya que no tenía el cuerpo para nada. Mis sensaciones eran muy malas y mi ánimo estaba muy bajo.

La carrera
Por la noche por lo menos dormí bien hasta la cinco y media. Desayuné, terminé de prepararme y bajé a la estación para coger el tren que nos bajaba hasta la salida en Sankt Niklaus. Allí dejé la bolsa que nos llevaban a la zona de la meta del maratón, tomé un café y me fui a la salida. Tenía muchas dudas de poder terminar.
A la hora prevista empezaron a dar las sucesivas salidas (corredores elite, maratón, medio maratón, etc.). Nosotros salimos a las 8:38. Como la mañana era fresca y el día estaba cubierto (y además la previsión de temperatura en la zona de meta era de máximas de unos 3ºC) salí con una chaqueta encima de la camiseta y llevé la mochila con ropa para poder abrigarme sobre la marcha (manguitos, guantes, otra camiseta térmica, mallas largas, etc.).
Los primeros 24 km son la parte “fácil” del recorrido, ya que en ese tramo solo subes unos 600 metros de desnivel. Vas alternando pistas con algún tramo de asfalto y algún camino de monte. Hay algunas zonas llanas y otras zonas con pendiente considerable. Como el día era muy largo, en las zonas más duras decidí ir caminando para llevar un nivel de esfuerzo que no me penalizara después.
Al de poco de salir me di cuenta de que no llevaba bien enganchado el sensor del pulso en la banda del pecho. Lo puse bien pero el pulso seguía marcando mal, con pulsaciones altísimas imposible para mí (de más de 170 ppm). Al final, en el km 14 lo solucioné al parar el Garmin y vincularlo con el sensor del pecho, ya que lo que me estaba marcando era el pulso en la muñeca, que ya tengo comprobado que a mí no me funciona. A partir de ahí ya tenía una lectura correcta del pulso, en torno a las 130 ppm (algo por debajo de mi umbral) que sé que lo podía mantener todo el día y no las 170 ppm que me estaba marcando todo el rato.
Poco a poco seguí avanzando hasta llegar a Zermatt, donde dábamos una vuelta tras pasar por el Medio Maratón y donde ya, en el km 24, empezaba lo duro. Antes de afrontar la parte dura me detuve unos minutos en uno de los avituallamientos (abundantes y muy completos) para descansar un poco porque no me sentía con buenas sensaciones desde la salida. Pasé el Medio Maratón en 2:32. Tenía margen para llegar a la meta en el tiempo máximo (8:15 horas), pero no tenía el cuerpo para ello.
El recorrido me recordaba un poco la aventura de Killian Jornet en el Everest. Él hizo una aproximación hasta el campo base avanzado para luego, tras un descanso, afrontar la ascensión hasta la cima. Nosotros teníamos nuestra aproximación desde la salida hasta Zermatt para iniciar allí una subida muy fuerte también. Lo de él un poco más duro, es verdad, je, je.
Por fin me decidí a seguir. Desde el pueblo empezaba una pista de subida desde el km 24 hasta el 30 sin ningún descanso. Allí íbamos todos caminando en silencio, cada uno sumido en sus propias sensaciones y pensamientos. Calculando qué ritmo poner y si sería suficiente para pasar los cortes de tiempo que nos quedaban en algunos puntos intermedios. Íbamos en grupo pero íbamos solos. Aquí nadie te puede ayudar. Miras al suelo, miras para arriba y sigues. No queda otra opción.
Por fin en el km 30 ya venía un kilómetro mucho más suave y podíamos correr algo. En el km 31 llegábamos a la estación de Sunnegga. Desde allí, por la zona que ya conocía del viernes, venía una zona de unos 8 km de subidas y bajadas en las que podías correr hasta llegar a la estación de Riffelalp, que es el km 39 de la carrera.
A partir de ahí el recorrido es bestial. En 6,5 km subes unos 900 metros de desnivel sin apenas descanso. Miras para arriba y ves la zona de la meta del Maratón y parece que está a un paso, pero son tres kilómetros de una pista muy empinada. Ya empezaba a hacer cálculos y veía que, si las fuerzas me seguían aguantando, estaba en tiempo de terminar el Ultra, pero también empezaba a pensar que no sería mala idea el terminar la carrera en la meta del Maratón, en Riffelberg. Visto cómo había llegado hasta allí ya era un logro.
Llegando ya a la zona de Riffelberg alcancé a dos chicas españolas que había visto en la salida. Ellas ya habían renunciado al Ultra y se iban a quedar en Riffelberg. Me animaron para seguir hasta la meta de Ultra en Gornergrat. Yo todavía dudaba.
Al llegar al desvío del km 41,5, podía ir a la izquierda y bajar hasta la meta del Maratón, o podía seguir hacia la derecha y afrontar los últimos casi 4 km con sus 500 metros de desnivel finales. Llevaba unas 6:30 horas y tenía margen para llegar. Unas chicas del avituallamiento me dijeron que como máximo me quedaba una hora. Les hice caso y tiré para arriba. No estaba muy bien pero sabía que si no lo hacía me iba a arrepentir después. No había llegado hasta allí para no terminar lo que había empezado y lo que llevaba esperando tantos meses.
Qué os puedo decir de esta parte final. Los datos lo dicen todo: 3,8 km y 500 metros de subida. Salvo alguna pequeña bajada, todo era una subida muy fuerte, y la parte más empinada justo es el final que te deja en la estación de Gornergrat, a casi 3.100 metros de altitud.
Las chicas tenían razón. Tardé casi una hora exacta en ese último tramo. Mi tiempo oficial en meta fue de 7:27:51 horas, a 9:52 min/km de media con 35 minutos de paradas en total. Por fin podía descansar. Estaba contento y satisfecho de mí mismo. Pese a todas las dudas y todos los problemas lo conseguí. Ya era Finisher del Ultra del Zermatt Marathon. Todos los objetivos de esta primera parte de la temporada completados.
Arriba recibí mi medalla, mi camiseta de finisher y me abrigué bien con la ropa que llevaba en la mochila, ya que nada más llegar a la meta empezaba a nevar un poco. Después de sacar unas fotos y ver un poco el paisaje (lástima del cielo cubierto y no poder ver el Cervino en todo el día), bajé al tren que nos llevaba de vuelta a Zermatt, tras recoger la bolsa en Riffelberg.
Ya en el pueblo me tomé una rica cerveza y subí (más cuestas) al apartamento a ducharme y descansar un poco antes de bajar a cenar. Estaba cansado, pero de piernas estaba muy bien. Apenas algo cargados los gemelos de tanto subir.
El domingo descansé mejor y subí en tren a Gornergrat a sacar fotos y admirar el paisaje. Es impresionante. Luego el lunes aproveché el viaje a Ginebra para pasar por Chamonix a ver el Montblanc.
Y así acaba esta aventurilla del viaje al Zermatt Marathon. Enhorabuena si habéis leído todo hasta aquí.
Ahora me toca descansar bien. Luego, después del verano vendrán los retos de la segunda parte del año: Trail Gorbea Suzien en octubre, Maratón de Valencia en noviembre y el de Lanzarote en diciembre.
Esto no se acaba.

Algunos datos
Tiempo oficial: 7:27:51 horas, a 9:52 min/km.
Tiempo en movimiento: 6:52:19, a 9:06 min/km.
Tiempo del ganador del ultra (hombres): 4:02 (ritmo medio 5:19).
Tiempo de la ganadora del ultra (mujeres): 4:40.
Tiempo del ganador de mi categoría M50: 4:27.
Mi tiempo en el Medio Maratón: 2:32
Tiempo del ganador en el Medio Maratón: 1:27
Mi tiempo desde el km 39 a la meta: 1:54.
Tiempo del ganador desde el km 39 a la meta: 1:04.
Puesto de mi categoría: 71 de 84.
Puesto en la general: 499 de 556 finishers.

No hagáis caso de las pulsaciones hasta el km 14.

Día previo a la carrera. Nevando.


La salida.

¿Llegaré a la meta?

Km 23. Descansando un poco con mala cara. Y me queda lo peor.





Por fin en la meta. Satisfecho y feliz.


El viernes por la mañana hubo unas horas con el Cervino despejado.

Km 40.

Del km 39 al 40.

Km 44.

La rampa del final. Brutal.







Escaleras en el km 44,5.




Zermatt.

El Montblanc desde Chamonix.